Domingo, 18 de Mayo de 2008
Institucional Escuelas Maestros Secciones Capacitación Contáctenos
- Maestros Americanos
- Himnos Nacionales
- Banderas Nacionales
- Contexto Educativo
- Nueva Utopia
- Canal Educativo
- Encuestas




Gabriel Morales

El Maestro Gabriel Morales nació en Managua -Nicaragua- el 18 de marzo de 1819, dentro de un hogar de muchas estrecheces económicas. En 1838, cuando se fundó la primera escuela pública de esa villa -Managua fue elevada a ciudad hasta 1846 y a capital en 1852- tenía 19 años y ya se entregaba con amor a las letras, al Catón
cristiano y las cuatro reglas de la aritmética, aunque no era reconocido económicamente como maestro por el gobierno. Fue hasta el tercer año de la administración de Pedro Joaquín Chamorro Alfaro (1874-79), que empezó a devengar salario.

Y es que el maestro Gabriel no sólo instruía sino que educaba transmitiendo valores, honradez, rectitud, firmeza y -ante todo- su propio ejemplo, surgido de su iniciación en el latín y otras materias, impartidas por el presbítero Santiago Mora, párroco de Managua; de carácter afable y de voluntad inquebrantable, que sentía un intenso cariño para sus padres, Ildefonso Morales y Gertrudis Largaespada.

Cuando en 1859 la municipalidad de Managua estableció su primera escuela pública de instrucción primaria, la del maestro Gabriel no disminuyó su número de alumnos. En 1866, el subprefecto de Managua, Indalecio Bravo, visitó su plantel y los resultados no pudieron ser más satisfactorios y justos; de igual manera resultó la evaluación de otros distinguidos delegados de la Dirección de Estudios. En 1873, el Dr. Máximo Jerez -Presidente de Nicaragua- le dirigió alentadoras palabras en su visita.

En 1876, el maestro Gabriel aceptó la plaza de maestro interino de la escuela que mantenía el municipio, mas fue objetado por no ostentar el título oficial y se le pidió que realizara el examen de suficiencia para optar al título de maestro. Así, tras un brillante examen, el 19 de julio de 1879 se le declaró apto para ejercer el magisterio tras
cuarenta años de ejercerlo humildemente.

Cuatro años más tarde asistió a la solemne distribución de premios entre los alumnos de las escuelas públicas de la capital, efectuada en los salones de la Municipalidad. Allí recibió las encomiásticas palabras del Alcalde primero Pascual Fonseca que, según las crónicas de El Porvenir de Nicaragua, eran más que merecidas. Pero constituían una pálida demostración de lo mucho que se debía al humilde ciudadano a quien iban dirigidas, porque Gabriel Morales vivía desde hacía años dedicado al magisterio, con una abnegación realmente rara, y una retribución escasa que, en aquella fecha, no pasaba de 20 pesos a pesar de que el número de sus alumnos ascendía a más de 200. Y agregaba la crónica, suscripta por el italiano Fabio Carnevalini arraigado en el país: "Esto sucede porque los padres de familia lo prefieren a todos por su honorabilidad, aptitudes y bondad para con los niños, y porque inocula en el ánimo de éstos con el ejemplo y las palabras, la virtud y la moral".

En realidad, el Maestro Gabriel era un modelo ciudadano que imitar: la encarnación viva de sus originales "Lecciones de Moral Práctica", de que tanto y buen uso hizo siempre. Lejos de las miserias de los ambiciosos y vanidades de los potentados, permanecía apartado y silencioso, con sus costumbres sencillas, devengando un precario salario: 25 pesos en 1885, aumentando a 30 en 1887, su más alta retribución mensual.

Gabriel no contrajo matrimonio nunca por consagrarse a su destino. Nunca usó corbata y chaleco, como se detalla en la estatua de mármol que trajo de Italia su ex-alumno Luis López. Murió el 10 de agosto de 1888 y sus agradecidos discípulos mandaron a imprimir en la Tipografía Nacional, una biografía llamada "Corona fúnebre del Maestro don Gabriel Morales", a cargo de Desiderio Fajardo Ortiz. Formó a varias generaciones de managuas, que llegaron a ser ministros y sacerdotes, abogados y médicos, comerciantes y periodistas, agricultores y funcionarios; en suma, ciudadanos preclaros como él.