El RenacimientoEl Renacimiento, como todos los temas de historia cultural, resulta muy difícil de enseñar en cursos de nivel elemental, por cuanto requiere una cantidad de conocimientos previos que, por lo general, carecen los alumnos. En primer lugar, resulta muy difícil comprender la profundidad del cambio que significó la irrupción del Humanismo, sin tener un conocimiento acabado del pensamiento medieval. El Renacimiento es un tema que se comprende mejor por contraste, por el hecho de que en sí mismo no es sino una fenomenal revolución en la mentalidad de las élites intelectuales de Europa Occidental. Todos los otros temas en los cuales los docentes de nivel secundario suelen detenerse -las manifestaciones artísticas, las grandes transformaciones técnicas, las guerras de Italia, el mecenazgo de los Medici- no son sino manifestaciones secundarias del fenómeno más profundo: con el Humanismo se instala en la alta cultura laica una nueva visión del mundo, una manera irreductiblemente diferente de comprender el mundo de lo real. Esta nueva visión del mundo fue una visión completa: implicó una nueva economía, una nueva política, una nueva teología, una nueva antropología, una nueva filosofía natural. Fue también -no debemos olvidar- un fenómeno eminentemente intelectual, que afectó en primer medida a los pensadores, estudiosos y productores culturales europeos. Otro olvido frecuente en la enseñanza del tema consiste en utilizar el término Renacimiento para caracterizar la totalidad de una época. En realidad, el Humanismo fue un fenómeno palaciego, una corriente de pensamiento eminentemente aristocrática y elitista. El hombre común -el campesino, el artesano, el sirviente, el mendigo, el comerciante- vio su vida relativamente poco afectada por esta revolución de mero corte intelectual. De hecho, la visión generalmente optimista que acompaña a la descripción de la etapa renacentista, olvida que fue también un período de guerras violentas, de persecuciones de criptojudíos en España, de quema de brujas en Italia, de estallidos de crisis religiosas y psicosis milenaristas, de una incontrolable subida de los precios de los productos agrícolas básicos, de abusos contra los indígenas americanos cometidos por muchos de los primeros conquistadores. Cabe preguntarse ¿qué fue el Renacimiento para todos estos individuos ? Indudablemente, una vez que salimos del atelier de Leonardo da Vinci, de las academias florentinas de los Medici, del escritorio de Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam, el viejo rótulo escolar de Renacimiento deja de tener sentido. De todas formas, la transformación intelectual que afectó a la élite cultural europea constituye un tema clave en la historia de la cultura occidental, que merece ser comprendido en profundidad por los jóvenes estudiantes de historia. Para ello, proponemos a continuación una selección de tres textos que, a nuestro criterio, sintetizan la profunda transformación en las mentalidades ocurrida a finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI. Se trata de textos complejos, que requieren la constante ayuda del docente para que los alumnos puedan extraer de ellos la totalidad de su riqueza. Es aconsejable dedicar tiempo y espacio de reflexión para el análisis de estos fragmentos: a) Marsilio Ficino, Teología Platónica (1469-1474), fragmento del capítulo III del libro XIII. Ficino no sólo es uno de los más grandes humanistas europeos, sino tal vez uno de los primeros pensadores del período que lograron ingresar en la historia del pensamiento filosófico occidental. Fue un difusor incansable del platonismo y neoplatonismo. De hecho, tradujo muchos textos hasta entonces desconocidos de Platón, Plotino y los denominados textos herméticos, que databan de los primeros siglos de la era cristiana. Creía firmemente en la posibilidad de conciliar el pensamiento de la filosofía pagana con los fundamentos teológicos del cristianismo. Estaba convencido de que la divinidad se había ya revelado en los tiempos anteriores a Cristo, por ello el título completo de su obra magna es Teologia Platonica de animorum immortalitate (Teología platónica acerca de la inmortalidad de las almas). Murió en Florencia en 1499, a los 66 años de edad. En este fragmento que seleccionamos -esencialmente una reflexión antropológica sobre la dignidad del hombre- se percibe el cambio radical en relación a la antropología medieval. Mientras que ésta acentuaba el carácter esencialmente corrupto de la naturaleza humana, producto del primitivo pecado de soberbia contra la divinidad, Ficino realiza una alabanza descarada de los logros y valores humanos, llegando al borde la blasfemia, cuando compara al hombre con la propia divinidad.
b) Giovanni Pico della Mirándola, Alabanza al hombre, fragmento (1496). Junto con Ficino, Pico della Mirándola (1463-1494) fue el más grande representante del humanismo italiano y, en muchos aspectos, fue su continuador. Al igual que aquel, Pico intentó en su corta vida lograr la pax philosophica; es decir, la conciliación de las corrientes y escuelas filosóficas existentes. Presentó las conclusiones de este ambicioso proyecto en forma de 900 tesis, que fueron rechazadas en bloque por el Papa Inocencio VIII. En el fragmento que proponemos Pico ensaya otro encendido elogio de la naturaleza humana, lejos de las descripciones medievales que acentuaban la figura del hombre-pecador. Pero la vía elegida es diferente a la de Ficino: no se trata aquí de recalcar el ingenio y capacidad de invención del hombre, sino su libertad absoluta. El hombre es el ser más grande de la creación porque es a la vez ángel y animal, alma inmortal y cuerpo mortal y, como tal, cada vez que actúa puede libremente optar por descender hacia el ámbito de lo bestial, o ascender hacia el ámbito perfecto de lo espiritual. Curiosamente, los ángeles -aún cuando más perfectos que el hombre, no posean esta libertad- fueron creados ángeles y no pueden aspirar a elegir otra condición. Por ello el hombre es superior a ellos, por cuanto es forjador de su propio destino:
c) Nicolás Maquiavelo, El Príncipe (1516), fragmento del capítulo 15.
En efecto, es difícil hallar un fragmento que presente una ética, una escala de valores más opuesta a la lógica de la moral cristiana que este célebre capítulo 15 de El Príncipe, que proponemos a continuación. Para Maquiavelo, aquellas virtudes que la teología moral alaba en mayor medida, constituyen graves errores en la práctica política. En su decálogo invertido, aquellas virtudes que permiten a un hombre ganar el cielo, pueden provocar, sin embargo, a un Príncipe la perdida de su estado. De hecho, Maquiavelo sugiere entre líneas que, en un mundo perverso como el que vivimos, quien cumple con los preceptos del Decálogo judeo-cristiano, “más camino a su ruina que a su preservación”. Este capítulo incluye una de las frases más revulsivas de todo el libro: el Príncipe debe aprender a ser malvado según su conveniencia y necesidad. Se trata, en definitiva, del célebre precepto que justifica cualquier medio para alcanzar un fin. No cuesta mucho entender las razones por las que El Príncipe integró rápidamente la lista de libros condenados por la Iglesia romana:
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