Hoy me referiré a la Ortografía, el eje “cuco” de la Lengua, que tiene a mal traer a docentes y alumnos. Y todavía los maestros no le encontramos “la vuelta” para que la escritura mejore. A lo largo de tantos años de ejercer el arte de la paciencia (léase docencia) vengo notando, en honor a la verdad, que hay una decadencia en el “bien decir” y en el “bien escribir”. Si bien hay reglas claras respecto de la acentuación y la ortografía, parecen olvidadas por quienes se encargan del mundo de la imagen. De hecho, cualquier e-mail o sitio de Internet se escribe con minúscula y sin tilde. Esto ya constituye un doble mensaje: las mayúsculas y tildes parecieran no ser necesarias para comunicarse. Pero para los que nacimos en la época anterior a la de la informática, había un elemento que nutría nuestra imaginación y ayudaba a cometer menos faltas de ortografía: la lectura. También interviene la génesis (no crean que pasa inadvertida): conservo cuadernos de mi madre (de 1924 y 1925) y no tenían un solo error... ¡y no quieran imaginar ustedes con la severidad que eran corregidos sus trabajos! Tampoco las cometen mis tres hijos y, ante la menor duda, hacen lo que aprendieron al observarme: escribir dos o tres veces de otra manera o buscarla en el diccionario. Ya sé: me dirán que no he descubierto la pólvora. Por supuesto que no. Pero ¿saben una cosa? La mayoría de las personas, ante la duda, no la aclaran y dejan la palabra mal escrita. O, lo que es peor, ni siquiera se plantean la duda y la escriben, sevillanamente, mal. Un hecho bastante común es no acentuar las mayúsculas. ¿Qué regla dice ésto? Recuerdo el caso de una alumna llamada Ángeles, a quien yo ponía tilde a su nombre tanto en la grafía cursiva como la de imprenta. La mamá me envió un mensaje diciéndome que en su documento de identidad figuraba sin tilde y que, además, las mayúsculas no se acentuaban. Fue gracioso, pues establecimos un correo de intercambio cultural para llegar a la conclusión de que seguramente el empleado que llenó el D.N.I. tenía en su mente el mismo conocimiento “folklórico o legendario” que ella me transmitía con tanta certeza. En breve: no existe ninguna regla que diga que las mayúsculas no llevan tilde; que las tipografías de las imprentas no tengan el espacio adecuado para colocárselo es “otro cantar”. Así que: Ángeles - África - Índico - Águeda llevan tilde Y si su computadora no está preparada para recibir los códigos correctos del teclado (o ud. no tiene un teclado en español, lo cual es bastante común), trate de resolver el problema configurándola correctamente, ya que en los tiempos que corren no hay justificación tecnológica que valga para cometer errores de ortografía. Si se trabaja con Windows, es necesario ir a Inicio, Panel de Control, Teclado, Idioma, Agregar, y elegir de entre las opciones Español Internacional. Eso hará el truco de que su teclado sea capaz de reproducir en pantalla todas las vocales acentuadas. Dicho sea de paso, y como argumento para aquellos todavía reticentes a tildar las vocales mayúsculas, ¿por qué, si no, figuran como tales en las principales "fuentes" de su computadora? No es concebible que los programadores, siempre ocupados en ahorrar bytes y espacio, hubieran incluído en sus diseños las vocales mayúsculas acentuadas sólo por capricho... Otro tema confuso es la acentuación de monosílabos. Desde hace más de 30 años, la Academia determinó que las palabras de una sílaba no llevan tilde, excepto que la misma palabra cumpla semánticamente dos funciones. En ese caso, una de las dos va acentuada. Por eso se lo conoce como acento diacrítico. No es tan difícil recordarlo si uno graba esta lista:
Y podemos acompañarla con este cuadro explicativo:
Tareas complementariasEjercicios como éstos son adecuados para reforzar los conocimientos descriptos más arriba.1) Redacta oraciones usando los monosílabos de la lista. Recuerda que son sólo 9 (nueve). 2) Coloca el monosílabo que consideres conveniente:
3) Coloca la tilde en el monosílabo adecuado:
Queridos colegas, en este punto ya debemos despedirnos hasta la próxima, pero no sin antes recordar que “La memoria nutre la imaginación”. |
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