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 Apuntes
de Lecto-escritura
Prólogo y Fundamentos
Es
éste nuestro primer contacto y antes de desarrollar alguno de los temas
que más nos preocupan a los docentes, les quiero hacer llegar esta poesía
que hace muchos años leí en una revista del Colegio La Salle, y con
la cual me sentí totalmente identificada. Espero que les guste.
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La misión de
educar
Educar
es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar,
equilibrar...
y poner todo en marcha.
Pero para eso uno tiene que llevar en el alma
un poco de
marino,
un poco de
pirata,
un poco de
poeta,
y un kilo
y medio de de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar,
que ese barco
-ese niño-
mientras uno
trabaja,
irá muy lejos
por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra
carga de palabras
hacia puertos
distantes,
hasta islas
lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos
nuevos
seguirá nuestra
bandera enarbolada.
Hno. Fermín
Gainza
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Siguiendo
entonces la línea de Fermín Gainza les diré que también hay que ser
payaso, artista , vendedor de fantasías, padre, madre y, si es posible,
"Espíritu Santo".
Ésto
viene a cuento porque cuando uno es muy joven y se enfrenta con el grado
(no el que elige, sino el que le ofrecen), cree que disponiendo de un
gran caudal de conocimientos teóricos, atesorando durante años libros
y apuntes de pedagogos, sabiendo de memoria los grados de la inteligencia
según Piaget, estimando que la informática y la tecnología son dos aliados
indispensables para la enseñanza de hoy, finalmente carga todo esto
sobre la mochila de la ilusión, se lanza "a la aventura"... y ya
está.
Bueno,
nada más lejos de la realidad. Los que tenemos varios años de experiencia
en el arte de enseñar, sabemos que esos elementos son indispensables,
necesarios, útiles, importantes para la consulta, pero únicamente
"poner el cuerpo", "sensibilizar la piel", "ver todo", "intuir casi
todo lo demás", "aprender haciendo", "equivocarse y volver a
probar", es lo que a un maestro le permite decir que está capacitado
para llevar adelante un grado, y los resultados de su arte de enseñar
se verán en las respuestas, y así sabrá si lo ha hecho bien o no.
¿Qué
quiero significar con este prólogo? Que
en el profesorado seguramente se reciben infinidad de herramientas teórico-prácticas
para la enseñanza, pero además un maestro le debe a eso agregar criterio
propio, sensatez, sentido de la oportunidad, desarrollar al máximo su
intuición, "anticiparse" a los acontecimientos, y estar siempre preparado
a "cambiar el rumbo" (como el navío de la poesía), si fuese necesario.
"El arte es aquello en lo
que la mano, la cabeza y el corazón marchan juntos" (John Ruskin)
La
intención de estas notas es, queridos colegas, transmitirles experiencias
personales que tal vez les puedan resultar de gran utilidad.
Durante
12 años fui maestra de primer grado, donde inauguré mi título con sólo
16 años (no hice primer grado, lo rendí libre), y donde descubrí que
enseñar a leer y escribir era mi verdadera vocación (abandoné
mi carrera de Odontología por la docencia).
Y
hablando de lecto-escritura, éste será el tema a compartir.
Lejos
quedaron Decroly y Montessori, los libros UPA y Abejita (antiguos libros
de lectura inicial), y se oyen aún los tambores de Emilia Ferreyro trayendo
al galope la famosa Psicogénesis.
No
me pondré en este espacio a hablar de la psicogénesis porque de ello
se ha ocupado ya una larga lista de especialistas, pero sí hablaré de
las "secuelas" que ha dejado ésto que nadie sabe muy bien si es un método,
un sistema, un recurso o una postura filosófica. La cuestión es que
los niños que aprendieron con los seguidores de Emilia Ferreyro presentan
los siguientes síntomas:
a) "Horrores" de ortografía
("total, tienes que escribir como te suena"),
b) Mala grafía ("escribe como
puedas, no hace falta que lo hagas en cursiva, puedes hacerlo en imprenta"),
y
c) Dificultad en el uso espacial
("escribe donde quieras, la cosa es que escribas").
No
tengo dudas de que el conocimiento se construye, si eso es lo
que plantea la teoría constructivista, pero, estimados colegas, yo me
eduqué con la teoría conductista y la apliqué con excelentes resultados
sin traumas ni frustraciones (conductus: palabra latina que significa
acompañamiento), y ¿qué hace un docente, sino acompañar?...
Por
eso en mi prólogo apunto justamente al sentido común y criterio del
docente, en este caso al de primer grado:
- Existen varios métodos para
la enseñanza de la lecto-escritura (palabra generadora, global-silábico,
Blecker, letras en color de Cuisenaire-Gategno, etc.)
- Averigüe los conocimientos previos
de sus alumnos. ¿Reconocen las grafías convencionales? ¿Reconocen
la relación entre los aspectos sonoros del habla? ¡Adelante!
- Utilice de cada uno de los métodos
lo que más crea usted que pueda servirle a su grupo y recuerde
que quien le escribe aprendió a leer y escribir a los 4 años sin la
influencia de E. Ferreyro (deseo aclarar que no fui ni soy superdotada;
tuve curiosidad y preguntando, preguntando, fui asociando lo fónico
con lo gráfico. Lo mismo pueden hacer sus alumnos.)
- No crea que es antiguo/a; construya
un método propio que le garantice que los niños aprendan reglas
convencionales a través del trabajo sistemático.
Por
ponerle un ejemplo: mientras la Real Academia Española exista y no disponga
lo contrario, los nombres se escriben con mayúscula y el comienzo
de oración también. Ésto es convencional y debe cumplirse.
A
este fin, un buen recurso -que a mí me dio muy buenos resultados- fue
usar el color rojo para las mayúsculas. Ejemplo:
Ernesto
Aníbal Tomás
El
caballo galopa.
Día
martes 6 de junio.
Trazado
y direccionalidad de las letras cursivas.
Queridos
colegas: les hablé de imaginación, de fantasía. Bueno, a ponerla aquí.
Trace
un renglón en el aire, use su dedo índice al mejor estilo lápiz y comience
a dibujar acompañando la palabra con el gesto. Los
niños miran y repiten con usted el dibujo mágico que supuestamente
usted hace sobre el renglón. Ésto
también establece otra convención: los occidentales escribimos de
izquierda a derecha.
Y
como "vendedores de fantasías" que somos, para dibujar la
D mayúscula cursiva les envío un recurso divertido que jamás
olvidarán los niños (mis ex alumnos, que ahora cursan 4° año secundario,
aún me lo recuerdan). Preparados,
¿listos?, ¡ya!

Palito Montañita
Pancita y
Firulete
Como
con la D,
para cada letra invente un dicho; siempre hay algo para sacar de la
galera del mago.
"No me digas lo mucho
que trabajas. Dime lo mucho que logras hacer".
Controle que los niños hagan las "a" como "a" y las "o" como "o".
Dígales
que la "a" tiene la manito para abajo y la "o", levanta el brazo. En
fin, usted hallará tantos recursos como imaginación tenga, o llévese
estos dos dibujitos e imprímalos, como para empezar...

La "a" con su manito para
abajo; la "o" con su manito para arriba
Puedo
asegurarle que ésto yo no lo encontré en ningún libro, pero disfruté
mucho cuando ví los hermosos trazados que realizaban los niños, inspirados
en tales métodos.
Recalque
que un trabajo debe hacerse prolijo, legible, armónico, entonces
no titubee ante un niño cuyos trazos hayan salido deformados. Que borre
y lo vuelva a intentar. Recuerde que todo es perfectible.
Puede
que la tarea sea dura y difícil, pero no imposible.
Mucha
suerte y hasta la próxima.
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