EGB 1 (6 a 8 años)Para Nivel InicialApuntes de Lecto-escritura

Prólogo y Fundamentos

      Es éste nuestro primer contacto y antes de desarrollar alguno de los temas que más nos preocupan a los docentes, les quiero hacer llegar esta poesía que hace muchos años leí en una revista del Colegio La Salle, y con la cual me sentí totalmente identificada. Espero que les guste.

La misión de educar

Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar...
y poner todo en marcha.
Pero para eso uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de pirata,
un poco de poeta,
y un kilo y medio de de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,
que ese barco -ese niño-
mientras uno trabaja,
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hasta islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos
seguirá nuestra bandera enarbolada.

Hno. Fermín Gainza

 

     Siguiendo entonces la línea de Fermín Gainza les diré que también hay que ser payaso, artista , vendedor de fantasías, padre, madre y, si es posible, "Espíritu Santo".

     Ésto viene a cuento porque cuando uno es muy joven y se enfrenta con el grado (no el que elige, sino el que le ofrecen), cree que disponiendo de un gran caudal de conocimientos teóricos, atesorando durante años libros y apuntes de pedagogos, sabiendo de memoria los grados de la inteligencia según Piaget, estimando que la informática y la tecnología son dos aliados indispensables para la enseñanza de hoy, finalmente carga todo esto sobre la mochila de la ilusión, se lanza "a la aventura"... y ya está.

     Bueno, nada más lejos de la realidad. Los que tenemos varios años de experiencia en el arte de enseñar, sabemos que esos elementos son indispensables, necesarios, útiles, importantes para la consulta, pero únicamente "poner el cuerpo", "sensibilizar la piel", "ver todo", "intuir casi todo lo demás", "aprender haciendo", "equivocarse y volver a probar", es lo que a un maestro le permite decir que está capacitado para llevar adelante un grado, y los resultados de su arte de enseñar se verán en las respuestas, y así sabrá si lo ha hecho bien o no.

     ¿Qué quiero significar con este prólogo? Que en el profesorado seguramente se reciben infinidad de herramientas teórico-prácticas para la enseñanza, pero además un maestro le debe a eso agregar criterio propio, sensatez, sentido de la oportunidad, desarrollar al máximo su intuición, "anticiparse" a los acontecimientos, y estar siempre preparado a "cambiar el rumbo" (como el navío de la poesía), si fuese necesario. "El arte es aquello en lo que la mano, la cabeza y el corazón marchan juntos" (John Ruskin)

     La intención de estas notas es, queridos colegas, transmitirles experiencias personales que tal vez les puedan resultar de gran utilidad.

     Durante 12 años fui maestra de primer grado, donde inauguré mi título con sólo 16 años (no hice primer grado, lo rendí libre), y donde descubrí que enseñar a leer y escribir era mi verdadera vocación (abandoné mi carrera de Odontología por la docencia).

     Y hablando de lecto-escritura, éste será el tema a compartir.

     Lejos quedaron Decroly y Montessori, los libros UPA y Abejita (antiguos libros de lectura inicial), y se oyen aún los tambores de Emilia Ferreyro trayendo al galope la famosa Psicogénesis.

     No me pondré en este espacio a hablar de la psicogénesis porque de ello se ha ocupado ya una larga lista de especialistas, pero sí hablaré de las "secuelas" que ha dejado ésto que nadie sabe muy bien si es un método, un sistema, un recurso o una postura filosófica. La cuestión es que los niños que aprendieron con los seguidores de Emilia Ferreyro presentan los siguientes síntomas:

a) "Horrores" de ortografía ("total, tienes que escribir como te suena"),

b) Mala grafía ("escribe como puedas, no hace falta que lo hagas en cursiva, puedes hacerlo en imprenta"), y

c) Dificultad en el uso espacial ("escribe donde quieras, la cosa es que escribas").

     No tengo dudas de que el conocimiento se construye, si eso es lo que plantea la teoría constructivista, pero, estimados colegas, yo me eduqué con la teoría conductista y la apliqué con excelentes resultados sin traumas ni frustraciones (conductus: palabra latina que significa acompañamiento), y ¿qué hace un docente, sino acompañar?...

     Por eso en mi prólogo apunto justamente al sentido común y criterio del docente, en este caso al de primer grado:

  • Existen varios métodos para la enseñanza de la lecto-escritura (palabra generadora, global-silábico, Blecker, letras en color de Cuisenaire-Gategno, etc.)
  • Averigüe los conocimientos previos de sus alumnos. ¿Reconocen las grafías convencionales? ¿Reconocen la relación entre los aspectos sonoros del habla? ¡Adelante!
  • Utilice de cada uno de los métodos lo que más crea usted que pueda servirle a su grupo y recuerde que quien le escribe aprendió a leer y escribir a los 4 años sin la influencia de E. Ferreyro (deseo aclarar que no fui ni soy superdotada; tuve curiosidad y preguntando, preguntando, fui asociando lo fónico con lo gráfico. Lo mismo pueden hacer sus alumnos.)
  • No crea que es antiguo/a; construya un método propio que le garantice que los niños aprendan reglas convencionales a través del trabajo sistemático.

     Por ponerle un ejemplo: mientras la Real Academia Española exista y no disponga lo contrario, los nombres se escriben con mayúscula y el comienzo de oración también. Ésto es convencional y debe cumplirse.

     A este fin, un buen recurso -que a mí me dio muy buenos resultados- fue usar el color rojo para las mayúsculas. Ejemplo:

Ernesto Aníbal Tomás
El caballo galopa.
Día martes 6 de junio.


Trazado y direccionalidad de las letras cursivas.

     Queridos colegas: les hablé de imaginación, de fantasía. Bueno, a ponerla aquí.

     Trace un renglón en el aire, use su dedo índice al mejor estilo lápiz y comience a dibujar acompañando la palabra con el gesto. Los niños miran y repiten con usted el dibujo mágico que supuestamente usted hace sobre el renglón. Ésto también establece otra convención: los occidentales escribimos de izquierda a derecha.

     Y como "vendedores de fantasías" que somos, para dibujar la D mayúscula cursiva les envío un recurso divertido que jamás olvidarán los niños (mis ex alumnos, que ahora cursan 4° año secundario, aún me lo recuerdan). Preparados, ¿listos?, ¡ya!


Palito      
Montañita         Pancita           y Firulete

     Como con la D, para cada letra invente un dicho; siempre hay algo para sacar de la galera del mago.

"No me digas lo mucho que trabajas. Dime lo mucho que logras hacer".


Controle que los niños hagan las "a" como "a" y las "o" como "o".

     Dígales que la "a" tiene la manito para abajo y la "o", levanta el brazo. En fin, usted hallará tantos recursos como imaginación tenga, o llévese estos dos dibujitos e imprímalos, como para empezar...


La "a" con su manito para abajo; la "o" con su manito para arriba

     Puedo asegurarle que ésto yo no lo encontré en ningún libro, pero disfruté mucho cuando ví los hermosos trazados que realizaban los niños, inspirados en tales métodos.

     Recalque que un trabajo debe hacerse prolijo, legible, armónico, entonces no titubee ante un niño cuyos trazos hayan salido deformados. Que borre y lo vuelva a intentar. Recuerde que todo es perfectible.

     Puede que la tarea sea dura y difícil, pero no imposible.

     Mucha suerte y hasta la próxima.



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