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Integración Escolar
Una escuela común para niños diferentes.
Hace años
se discute de las ventajas y desventajas de la integración escolar
de los niños con dificultades en su proceso de aprendizaje. Se
ha hablado mucho, se ha escrito y experimentado otro tanto, pero aún
hoy nos encontramos con una situación que genera polémica
en diferentes ámbitos.
Mi intención en este artículo es emitir una opinión
que puede o no ser compartida, que no agota el tema, ni excluye otras
opciones
Quisiera plantear
inicialmente una opinión teórica y compartir experiencias,
de ninguna manera dar respuestas acabadas, sino por el contrario abrir
preguntas y facilitar el debate.
Si
pensamos en la integración, deberíamos detenernos en lo
que acarrea el concepto de cultura de la integración; básicamente
este concepto parte de un valor social que implica el derecho a ser
diferente. Ahora qué se entiende por diferente, o hasta dónde
estamos dispuestos a aceptar las diferencias, y de qué tipo de
diferencia hablamos.
Principalmente
esta pluralidad de pensamiento implica aceptar las particularidades
de cada uno, específicamente en nuestro trabajo, aceptar a cada
alumno como un sujeto particular, único, irrepetible, con su
modalidad de aprendizaje singular. Si bien las escuela acepta a grandes
líneas esta situación, todos nos hemos encontrado en nuestro
trabajo docente con situaciones donde debemos "uniformar"
a nuestros alumnos y sus particularidades, en pro de concluir un programa,
acabar un trabajo, o simplemente cumplir con la burocrática calificación.
Deberíamos
desde esta postura integradora, aceptar a cada chico como es, e intentar
respetar sus ritmos y tiempos lo máximo posible, aún sabiendo
que la promoción requiere la adquisición de ciertos contenidos
mínimos exigibles en los parámetros de promoción
hacia el ciclo inmediato superior.
Retomando uno de los principios de la educación especial, me
gustaría centrarme en el concepto de "normalización".
; como para ampliar un poco la idea de integración.
El concepto de normalización,
no surge del ámbito educativo sino del ámbito social,
por tanto no se centra en el individuo, o en su situación particular,
sino más bien, en las relaciones que se establecen entre las
personas, en particular en nuestro caso, entre los niños con
problemas y el resto de los actores de la educación.
No se trata de "normalizarlos",
sino más bien de normalizar las relaciones que mantenemos con
ellos. No debe enterderse que este cambio en las relaciones signifique,
darles facilidades, o atenernos a los prejuicios, en cuanto a sus posibilidades,
significa también exigirles, porque de esta manera respetamos
y valoramos sus posibilidades.
Otro concepto que
me interesa rescatar es el de "necesidades educativas especiales",
este concepto surge a mediados de los ochenta como una ampliación
del concepto de educación especial, centrándose en las
necesidades diferentes que presenta un niño a lo largo de su
escolaridad para adaptarse al curriculum ordinario. Este concepto redefine
los aspectos que se tenían en cuente hasta el momento, definiendo
la necesidad, en lugar de centrarse en el problema o discapacidad que
presenta el niño. Hablar de necesidad educativa especial, requiere
pensar en toda una dotación de servicios o estrategias a tener
en cuenta cuando nos encontramos con un niño que presenta una
dificultad en su escolaridad.
De esta manera pensar
en una escuela que respete estas necesidades educativas especiales,
implica pensar en una escuela que contenga e involucre, no solo al docente
y al alumno, sino también a todos los miembros de la comunidad
educativa.
Este concepto de
necesidad educativa especial, intenta disminuir la categorización
de los niños, teniendo en cuenta las necesidades que surgen de
su interacción con el medio, es decir como se desenvuelve el
niño dentro del ámbito de la escuela, y fuera de ella.
Es decir la escuela debería preocuparse, no por lo que el niño
tiene, (su discapacidad), sino qué necesita desde el punto de
vista educativo, para poder integrarse en situaciones sociales normalizadas.
Esto genera un gran
cambio, sobre todo en lo que a organización y procedimiento se
refiere, es decir cambiar el modo en que la escuela se relaciona y trata
las dificultades de sus alumnos.
Haciendo un poco de historia en lo que a integración del discapacitado,
se refiere en nuestro país, se observaron tres etapas, que van
desde la exclusión lisa y llana del sistema, hasta la actual
tendencia integracionista. En el medio de estas nos encontramos con
el crecimiento desmesurado de la educación especial, como ámbito
exclusivo de atención del discapacitado.
Esta situación
fue consecuencia de un sistema educativo que tendía a la homogenización
de los alumnos, al no encontrar posibilidades de igualar a todos los
niños, se crearon espacios que atendieran a las necesidades educativas
de los niños que presentaban una diferencia sustancial en su
rendimiento escolar(vale como referencia el caso de las escuelas de
recuperación en la ciudad de Buenos Aires).
Desde hace unos
años, las acciones de gobierno intentan una serie de estrategias
integradoras. Es un desafío difícil, ya que implica operar
no solo con el sistema educativo en su conjunto sino también
con los recursos humanos que están involucrados en estas escuelas.
Implica repensar el rol del docente especial, y el rol del docente común,
hacia una acción conjunta, compartida, un coactuar en conjunto.
Esto nos lleva a
pensar en el trabajo de la pareja pedagógica, donde el maestro
especial y el maestro común puedan actuar juntos, ya que no hay
una diferencia sustancial entre lo que llamamos didáctica común
o especial; las estrategias de trabajo se van construyendo y constatando
en la atención más personalizada que requiere el discapacitado,
sobre todo en lo que al manejo del tiempo y el espacio se refiere.
Las experiencias
realizadas hasta el momento, han permitido lo que podríamos llamar
una aprendizaje social, en cuanto a que tanto los alumnos como los padres
y docentes han podido constatar la posibilidad de establecer una relación
normalizada con los niños que presentan algún tipo de
discapacidad.
Resulta imprescindible
trabajar en la construcción de un sistema altamente articulado,
tanto en su funcionamiento interno como en la relación con el
entorno, teniendo en cuenta al discapacitado y su situación particular,
y reconocer la pertinencia o no de un niño en un aula integrada,
según la estrategia particular pensada para ese niño.
Podríamos
concluir que la educación del discapacitado, tiende siempre hacia
la integración social normalizada, pero aún así,
el sistema paralelo de la educación especial, debe mantener sus
espacios propios para brindar la atención especializada necesaria
en cada caso, sin que esto genere una lucha de poderes o espacios en
cuanto a la pertenencia de un alumno.
Creo, finalmente,
que esta discusión puede prolongarse con diferentes aportes,
que iremos ampliando a medida que aparezcan nuevas experiencias.
Y podamos sin sentirnos
invadidos o desvalorizados en cada ámbito en particular, sea
la escuela común o los espacios de educación especial,
considero que es necesario que podamos ceder ante la omnipotencia propia
de cada sistema y encontremos medios de trabajo conjunto en pro de un
beneficio mayor para cada alumno en particular.
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