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Presentación
EDUCACION
ESPECIAL. PARA QUIÉN Y POR QUÉ
Consideramos
la educación especial como un conjunto de acciones educativas,
insertas dentro de un sistema educativo general, que tienden a la atención
y sostén de las personas que presentan una dificultad para alcanzar
con éxito, conductas básicas exigidas por el grupo social
y cultural al que pertenecen.

Desde
esta concepción, se desprende que el objetivo final de este tipo
de atención educativa, será colaborar en el desarrollo
máximo posible, de las diferentes posibilidades y capacidades
de cada sujeto, atendiendo a las particularidades y subjetividades que
atraviesan a este niño o adolescente.
Dentro de algunas corrientes pedagógicas actuales, se citan cuatro
principios básicos sobre los cuales se enmarca la educación
especial. Estos son:
La normalización implica que en lo posible el discapacitado debe
tener los mismos derechos y obligaciones que los demás miembros
de la sociedad; esto no significa negar la discapacidad, sino tender
al desarrollo de las capacidades individuales de cada sujeto recibiendo
atención particular a través de los servicios ordinarios
y propios de la comunidad, teniendo presente que solo en los casos necesarios
podrá recibirla en instituciones específicas ( escuelas
diferenciales, centros de día, escuela domiciliaria, etc.)
La individuación
que responde a criterios particulares en cuanto a la intervención
profesional y terapéutica.( curriculums adaptados, metodología
especial, etc.)
La sectorización responde a que los servicios educativos especiales
sean brindados en el lugar donde el discapacitado vive y se desarrolla.
Es decir instrumentar los medios para que se preste servicio aún
cuando no existan en el lugar instituciones específicas.
La integración que se desprende del principio de normalización,
en cuanto a que en la utilización de los dispositivos de la técnica
y de la organización de los servicios sociales, procurará
que los discapacitados reciban la asistencia necesaria en el seno de
los grupos normales y no de forma segregada.
Si bien estos son principios
teóricos, queda aún mucho por evaluar y discutir en cuanto
a su aplicación y ejecución. Pero considero importante
señalarlos como un marco teórico posible de análisis.

Ahora
bien, hacia quién dirigir estas acciones que se plantean en el
concepto de educación especial.
Tradicionalmente existieron dos grandes criterios a la hora de determinar
quien es el destinatario de este tipo de atención.
Aún hoy, el discurso médico-psiquiátrico reduce
a los síntomas somáticos la incorporación o no
de una persona dentro de una categoría predeterminada de enfermedad.
Aceptar este enfoque como único, para justificar la necesidad
de una atención educativa especial, excluye una gran cantidad
de situaciones, donde no hay ninguna alteración orgánica
o biológica, y sin embargo el niño o adolescente no logra
las conductas esperadas o manifiesta dificultades en su proceso de enseñanza
aprendizaje.
Si bien, la opinión
médica resulta fundamental en el proceso de despistaje, no debería
ser el único parámetro a tener en cuenta, ya que resulta
insuficiente para un adecuado diagnóstico diferencial.
El modelo puramente psicologista,
se remite a parámetros psicométricos para determinar la
conducta "normal" o "diferente", teniendo en cuenta
aspectos estadísticos.
Desde esta visión
se pretende establecer criterios o índices de medida ( el coeficiente
intelectual particularmente) que fijan una barrera divisoria entre aquellos
que necesitan de una educación especial de aquellos que no.
Considerar al C.I. como
criterio normativo excluye factores, como la personalidad o el factor
socio-ambiental, provocando, en ocasiones, diagnósticos errados
y generalmente discriminatorios.
Es sabido, que existen
sujetos con coeficiente intelectual medio (normal) y que sin embargo
presentan deficiencias en otros aspectos, como la personalidad, el ajuste
social, o dificultades en su proceso cognitivo, motivado por causas
diferentes. Si se tomara el C.I. como norma inamovible, estaríamos
dejando afuera de la atención especial a una gran cantidad de
grupos de población que requiere este tipo de atención,
en alguno de los aspectos antes mencionados.
Por
lo anteriormente citado, era necesario, un criterio más amplio,
a la hora de determinar los destinatarios de la educación especial.
Por lo cual, será preciso tomar una concepción integradora
para definir hacia quién se dirige ésta. Los criterios
diagnósticos no se explican exclusivamente desde un punto de
vista médico o psicológico, sino que son de naturaleza
socio-ambiental, como un criterio más en el momento de definir
la atención educativa especial.
Ampliando
de esta manera, el criterio diagnóstico, estamos considerando,
no solo los diferentes factores que inciden en el desarrollo de los
niños, sino también la temporalidad o permanencia de la
dificultad, y en base a este análisis, establecer el tipo y duración
de la atención especial. Es decir, considerar también
el factor temporal, ya que en ocasiones, un diagnóstico médico
condiciona en forma permanente la decisión de una escolarización
diferencial; cuando puede ocurrir, que al modificarse ciertos factores,
el panorama puede variar y el niño podría acceder a una
escolaridad común, con el apoyo pedagógico adecuado.
Como ejemplo de esta postura
socio ambiental, existen casos documentados de niños que presentan
un retardo o deficiencia en las mediciones de inteligencia, sobre todo
en lo que a pruebas verbales se refiere, y sin embargo se desempeñan
de una forma adaptada dentro del contexto cultural propio, en general,
pertenecientes a sectores marginales.]

Desde un criterio absolutista,
dichos sujetos, presentan una deficiencia, que si bien existe, no refiere
a una dificultad cognitiva o intelectual, sino más bien a una
dificultad de orden social.
Desde este punto de vista, estos niños, quedan catalogados como
deficientes (rotulo que solo en contados casos puede ser superado) cuando
en realidad no lo son.
Es necesario, en consecuencia,
que la comunidad educativa y la sociedad en general, abandone la postura
de considerar el C I como barrera divisoria entre quienes necesitan
educación especial y quienes no.
Debemos considerar que
la conducta de los niños y adolescentes esta condicionada por
tres aspectos: la maduración, el aprendizaje y el ajuste social.
Estos aspectos pueden
verse alterados por causas biológicas (genéticas o hereditarias),
por factores biológicos actuales o por los factores psicológicos
propios de cada sujeto, que hacen referencia a la subjetividad particular
de cada niño/ adolescente. A dichos factores debemos incluir:
las causas sociológicas o culturales que inciden en el desarrollo
de conductas que pueden dificultar el satisfactorio desenvolvimiento
social. Estas conductas inadaptadas o diferentes pueden ser manifestadas
por sujetos con un C I medio o no, con lesión orgánica
o sin ella, con alteraciones psíquicas o sin ellas.
Por lo tanto el criterio
que separa a los niños/adolescentes que necesitan atención
educativa particular no debe ser solo la inteligencia, sino que debería
sumársele otros aspectos; logrando una óptima integración
de criterios médicos, psicológicos y socio-culturales.
Este planteo requiere
que los profesionales encargados del diagnóstico ampliemos nuestra
visión y nos encaminemos hacia una concepción interdisciplinaria,
que no deje afuera a quien realmente necesita de nuestra ayuda.
Sebastián García Neira
Lic. en Psicopedagogía
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