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APAER
- Asociación Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales y La Solidaridad en la Escuela |
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Porque
una Nación se construye sin exclusiones, comencemos hoy a involucrar a
los niños en la creación de un mundo donde el "nosotros"
prevalezca por sobre el "yo", fortaleciendo el sentido comunitario de
nuestra escuela y poniéndonos al servicio de los otros.
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El secreto de un Proyecto de Escuela Solidaria está en el compromiso sincero y en la perseverancia. Una rápida guía de sugerencias podría ser como sigue:
Apadrinar una escuela rural o carenciada ofrece numerosas posibilidades de desarrollo eficaz como Proyecto Solidario, porque permite:
Para los educadores, un proyecto de ayuda a una escuela rural o carenciada es una puerta abierta para la transmisión de valores y de una enorme cantidad de contenidos curriculares. Se puede estudiar la realidad de la otra escuela, la de la propia y el proyecto de ayuda en sí desde los enfoques de cada materia:
En todas estas áreas se podrán encontrar innumerables oportunidades de perseguir objetivos procedimentales de gran valor para el alumno,
Sin embargo, la verdadera fuerza educativa detrás de un proyecto de ayuda solidaria reside en los contenidos actitudinales y conceptuales que puede llegar a inculcar. El primer valor a transmitir, el más básico e importante, tal vez sea la sincera compasión frente al prójimo necesitado. Una compasión que no implique menosprecio por la condición ajena sino una sana sed de justicia, nacida de la convicción de que a todos nos asisten los mismos derechos y el derecho a las mismas oportunidades, junto a la certeza de que compartir lo que se posee nos enaltece y puede ser muy gratificante. Aún si los niños no extrajesen nada "práctico" de un proyecto solidario, si no aprendiesen a usar mejor las computadoras o a expresarse con mayor fluidez en sus escritos, si no acabaran conociendo más de la geografía de su país o si no comprendiesen las circunstancias económicas de sus regiones, bastaría con haber despertado en ellos el hábito del altruísmo para justificar la obra. Ni qué hablar si, además, se lograse conectarlos afectivamente con otros niños de distinta condición y se consiguiese movilizarlos para destruir las barreras de apariencia que los separan. Si tan sólo nuestros alumnos lograsen ver a la humanidad en esos niños a quienes ayudan, y si llegasen a verse a sí mismos en ellos, todo nuestro esfuerzo de educadores estaría justificado.
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