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La Solidaridad en la Escuela

Porque una Nación se construye sin exclusiones, comencemos hoy a involucrar a los niños en la creación de un mundo donde el "nosotros" prevalezca por sobre el "yo", fortaleciendo el sentido comunitario de nuestra escuela y poniéndonos al servicio de los otros.

 

     El secreto de un Proyecto de Escuela Solidaria está en el compromiso sincero y en la perseverancia. Una rápida guía de sugerencias podría ser como sigue:

a) involucrar a la comunidad educativa entera buscando el consenso de todos los actores: directivos, padres, docentes y alumnos, a cuyo fin conviene antes que nada organizar reuniones de debate y discusión de donde surja la voluntad unánime de involucrarse en un proyecto solidario;
b) el segundo paso consiste en garantizar los recursos para que el proyecto tenga continuidad. No hace falta disponer de grandes medios económicos, porque siempre es posible ayudar a otros con trabajo y asistencia, y las más de las veces el dinero por sí solo no resuelve los problemas;
c) lo tercero es desarrollar un plan de acción coordinado, distribuyendo las tareas y elaborando una agenda que no interfiera con el trabajo escolar, sino que, antes bien, lo complemente;
d) finalmente, es importante asegurar una comunicación fluida entre todas las partes, organizando canales adecuados de información y recurriendo a ellos con periodicidad para que no decaiga el interés. Es vital que todos en la Escuela sepan qué se hace y cómo, y cuáles son los resultados parciales del proyecto, al mismo tiempo que se estimula la intervención de todos a través de nuevas propuestas y sugerencias.
 APADRINANDO UNA ESCUELA

     Apadrinar una escuela rural o carenciada ofrece numerosas posibilidades de desarrollo eficaz como Proyecto Solidario, porque permite:

a) canalizar la ayuda a través de instituciones idóneas que garanticen la seriedad del proyecto y su transparencia, brindando una auditoría independiente,
b) concentrar el esfuerzo en un proyecto único cuyos progresos pueden ser evaluados en forma continua,
c) involucrarse en un emprendimiento interescolar donde pueden encontrarse fuertes puntos de contacto institucional, pedagógicos y afectivos, y donde por tanto es posible compartir experiencias a través de un lenguaje común,
d) conocer una realidad diferente, tanto en lo social como en lo geográfico, dando pie a valiosos análisis comparativos.
 PROPUESTAS EDUCATIVAS

     Para los educadores, un proyecto de ayuda a una escuela rural o carenciada es una puerta abierta para la transmisión de valores y de una enorme cantidad de contenidos curriculares. Se puede estudiar la realidad de la otra escuela, la de la propia y el proyecto de ayuda en sí desde los enfoques de cada materia:

  • Formación Cívica (derechos y obligaciones del ciudadano y del Estado, legislación)
  • Ciencias Sociales (Historia, sociología, antropología)
  • Geografía (física, política, económica, ambiental, ecológica)
  • Matemática (estadística, contabilidad, estudios demográficos)
  • Informática (comunicaciones, acopio, tabulación, cálculo y graficación de datos, bases de datos)

     En todas estas áreas se podrán encontrar innumerables oportunidades de perseguir objetivos procedimentales de gran valor para el alumno,

a) haciendo a los estudiantes partícipes del diseño del programa de ayuda,
b) comprometiéndolos en su gestión y análisis permanente a través de diversas herramientas ,
c) estimulándolos para que comuniquen los resultados de sus investigaciones al resto de la comunidad educativa mediante revistas o presentaciones en formatos diversos (posters, páginas web, informes, etc.).
 POR SOBRE TODO, LOS VALORES

     Sin embargo, la verdadera fuerza educativa detrás de un proyecto de ayuda solidaria reside en los contenidos actitudinales y conceptuales que puede llegar a inculcar.

     El primer valor a transmitir, el más básico e importante, tal vez sea la sincera compasión frente al prójimo necesitado. Una compasión que no implique menosprecio por la condición ajena sino una sana sed de justicia, nacida de la convicción de que a todos nos asisten los mismos derechos y el derecho a las mismas oportunidades, junto a la certeza de que compartir lo que se posee nos enaltece y puede ser muy gratificante.

     Aún si los niños no extrajesen nada "práctico" de un proyecto solidario, si no aprendiesen a usar mejor las computadoras o a expresarse con mayor fluidez en sus escritos, si no acabaran conociendo más de la geografía de su país o si no comprendiesen las circunstancias económicas de sus regiones, bastaría con haber despertado en ellos el hábito del altruísmo para justificar la obra. Ni qué hablar si, además, se lograse conectarlos afectivamente con otros niños de distinta condición y se consiguiese movilizarlos para destruir las barreras de apariencia que los separan.

     Si tan sólo nuestros alumnos lograsen ver a la humanidad en esos niños a quienes ayudan, y si llegasen a verse a sí mismos en ellos, todo nuestro esfuerzo de educadores estaría justificado.

 

¡NUEVA ALEJANDRÍA Y APAER CREEN QUE ESTOS VALORES HARÁN LA DIFERENCIA!
Por eso, le sugieren...


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