Portada del libro He Mirado el Mar

HE MIRADO EL MAR

1994

Jesús Fuentes Allen


A VECES LA POESÍA PORTADOR DE PALABRAS Todas las palabras han tenido siempre parte de un pájaro: del colibrí en la flor, de la tórtola surcavientos o del sinsonte; tal vez no sea solo pájaros; quizás sean la casa de la lluvia, resguardo del hombre para defenderse del amor o cántaros para recoger agua pura, agua inédita. SOLO LA TARDE Miro la hoja de papel sobre la mesa, sin fuerza tomo un lapicero, escribo. Mi mano temblorosa se detiene cada instante a esperar las ideas que se quedan a tras. Miro hacia a fuera, la llovizna trata de empañar los cristales. Las ramas levemente se mueven, un suave vientecillo quiere alegrar a los pájaros quienes a penas cantan. Hay fastidio. El lapicero resbala de mis manos, arrugo la hoja y la tiro al cesto de basura. Oígo lejanos ladridos, quizá unos perros peleándose, quizá la tarde ha despartado la tristeza; el papel se manchó con el silencio del llanto. CIEGA NOCHE Altas luces apagan mi sueño, cansa mirar el trecho la lluvia, la noche suda frío, ya no pregunta por mí, sabe que estoy solo con mi signo Capricornio, la acuchillada lámpara es testigo, quiere hablar, se ahoga en la luz difusa. CIUDAD OCULTA No sé hasta dónde llega este follage, pero estoy seguro que en algún lugar donde lo artificial no ha carcomido, existe una ciudad. He soñado sus muros, el eco de sus pájaros, sus ruinas vírgenes. El claro vostezar de la selva guarda la piedra gris que golpea levemente la mano dadora donde quedó consagrado el fruto que hoy amenaza convertice en hierva amarga. EXTRAVÍO Después de sentir algo de miedo, entré a la piedra, era la tarde esculpida en fuego, dudaban mis pasos, soles marchitos lo inmenso de la gruta. Repiraban las punzadas de mi frente y vertía el tiempo su tiempo de sobra, sobre el dolor de mis oídos. Uno a uno aumentaban los caminos imaginarios, las goteras secas del abismo. ¿Dónde se refugiará la astilla de la llama? Quizá allí en el sobre escrito a mano duda, a mano sombra. ORA EL ÁRBOL En las goteras del árbol se pudre el corazón del nido. Hay una larga pausa entre lalluvia, las horas avanzan lentas, generosas se entregan al tiempo. Al morir la tarde sólo se escuchan cantos de aves, quizá lementos. ¿Cuántos huevecillos no han parecido ante el diluvio? Se contemplan las cáscaras. Algunas madres todavía temen, están llorando, sienten frío, el agua las estruja entre sus manos. Quizá tristeza siente el árbol cuando los pone a prueba la naturaleza. Los días transcurren solitrosos; pero han florecido, se oyen melodías virtuosas, la lluvia se marcha. Sólo el árbol recuerda y dice: No vuelvas, junio, detente en la puerta. UN POEMA OLVIDADO Soy parte de una casa abandonada donde se cultiva el polvo y el silencio, soy su parte sur donde alguna vez se oyó música dulce, donde se cuidaron hortalizas de versos y la fertilidad del ritmo desistió a las tormentaas de junio. Aquí sólo los libros comen, sólo los libros mandan, y cuando a hurtadillas bebo agua de metáfora, rompo a llorar co lágrimas de poeta prisionero. A mi alrededor la lluvia ha parido hierba, ha podrido la tierra en vez de alimentarla. Yo descanso sobre las telarañas, el viento las rompe y me golpea la nuca: caigo, recuerdo que soy un loco, un poeta fracasado, caigo y eso pienso mientras mis uñas rasgan el polvo de la hoja en la que hice el intento de un poema. SOY HIJO DE LA SOMBRA Soy hijo de la filosa sombra que me engendra, la semana pasada nací del suelo, de su sabor a polvo, cómo duele cargar el vacío de los días, llevarlo al hombro como parte de mis huesos, soy dueño del carrusel que me destroza y me encierra en un ataúd con colores de calidoscopio.
HE MIRADO EL MAR JUNO AL MAR EN X-CALAK Hablo del que hunde sus pies en X-Calak tejido por la arena; es el pescador en este instante curtido rostro por el sol y la salitre, surge de la cosecha del cardumen. Ventilado por las palmas es mi puerto, atraídas son las gaviotas hacia las balizas. Grabado está mi nombre en el cimiento de las rocas pues crecí junto al mar, música de tarde gris solfeada por las olas. La orilla del cantil se peina cuando hay Norte y se prende el cabello con las boyas de los palangres, allí donde los banderines se entrevén al reflejo de la noche goteada por la luna. X-Calak, hablando de ti, guardo el bolígrafo de tinta azul cuando tu nombre escribo. A UN FARO DE LUZ ANTIGUA Víctima de telarañas y maderos inservibles, axiste aunque lo golpea el mar y salinas de obscuridad lo apagan, como ser un mortal teme. Yo lo miro cuando platica con las aves, él recuerda las olas que socaban su presencia. Entro a su soledad de faro viejo, duelen los tímpanos porque se escucha su silencio descendente, es el laberinto de una concha de caracol abandonada en una playa desierta donde los recuerdos giran en los anillos de la piedra que rompe la tranquilidad del agua. En la obcuridad agónica en que su silueta vaga. Es la difusa luz que nace en el vacío de su existencia muerta. REGALOS DEL MAR El mar esa adolescente y yo, pequeño. A diaro contemplaba su inmensa mansedumbre y escuchaba en una concha sin dueño sus secretos: le llevaba recados de arena entre mis dedos o respuestas de la playa: tal vez de amor, no lo sé. Posiblemente estuvo enamorado de la orilla porque cada amanecer dejaba un caracol sobre la arena. HE MIRADO EL MAR He mirado el mar estirarse como perro viejo, lo he mirado de noche seguir mis huellas de suicida. Al mar yo entrego el cauce de mi nombre porque él me llevó a la playa de pequeño y fue mío con todo y su costal de piedras. Hoy la noche es apta para largarse a morir apagando entre las calles lluviosas el silencio de mis pasos. UN MAL SUEÑO Qué mañana. Despierto, me despierta el mar. Qué mal me siento. Hace días nací al revés; mi pensamiento es otro, el mar ya no es el mar. Tal vez escribo porque es el único que existe. El mar soy yo. Lo he visto lanzarse entre las rocas al suicidio; el mar es él y sus corrientes son esquilones tirados a la muerte, son estrellas que caen al abismo con sus cinco puntas de presagios negros. VOCES DEL MAR A Isla Mujeres En el Caribe descansa el tiempo en un reloj de arena, la tarde es un farol inquieto que ace jirones de papel entre las aguas. Las gaviotas, cartas blancas, vuelven del océano, vuelven de la ciudad, existen de la nada. Yo vengo aquí a saberme inundado por los pájaros; me arrojo al mar en la botella de mi infancia. Amo la sed del viento que sopla un caracol, siento en la mirada la curiosidad del pez ante los restos del naufragio, siento las púas de un esquilón que parte en dos mi sangre. Dientes estallan al golpe y al retumbo de tus alas. Enmedio de lo que soy, el mar me guarda. Enmedio de lo que es él, alguien dejó su retina tiempo atrás. Déjame buscar las pisadas de un infante entre tus playas, buscar peces entre los caracoles para después echarlos a mis frascos de verdín. Hoy puedo preguntarte, mar, dónde has llevado mis pensamientos. Tal vez perecieron en ti o en las redes de algún percador de frescas islas, esas marcas de quietud que el tiempo ha decorado con la flama del alba
LLEGA EL AMOR CALLE ABAJO Hoy tengo la forma de este día soleado, hoy estoy cansado de vivir conmigo y camino calle abajo. Caigo con la ceniza de un cigarro, traigo los zapatos gastados de patear latas por las avenidas; si llegara la lluvia y yo durmiese o si la noche me bañara en su frescura, tal vez podría un momento volver a pensar en ti para morderle otro pedazo a la poesía, antes de perderme bajo el sol entre la calle. TE ESPERO Te espero, aor, aunque la tarde publique desesperación en mi silencio. Sú que vendrás, la calle y las viejas cercas me lo dicen, reclaman tu presencia. Amor, iremos al campo y entre palabras cercenaremos gorasoles. La noche nos verá llegar; por sus espejos bajaremos al mar. Lo sentiremos con las manos. Yo enseñaré a mis labios a volar sobre tu piel; me rechazarás con besos, pero ya es tarde, amor. ¿Por qué no vienes? son las 11 P.M. y ya miro las paredes del insomnio. Ya es tarde, amor. TAJO NOCTURNO Estoy contigo y soy árbol mutilado, soy alma en paz; miro las cortinas del sueño, quebrantadas; la estúpida noche miro. Desciendo los escalones del insomnio: los murmullos son agua, corremos hacia ella; teñarañas nos detienen, pero estamos sedientos. Nos desnudamos, la luna se desnuda, nuestros pies descalzos se entremecen, se estremecen. La oscuridad se vuelve densa, densa, braman las estrellas y el filo del agua se rompe entre nosotros. Alrededor, la selva duerme: el jaguar vuelve otra vez, me hiere, mi espíritu gime agonizante. Me hiere y estampa huellas nocturnas en mis labios. OTOÑO Esto no es lo que debo decirte, pero son mis palabras y se desgranan en maíz porque dudo al escribirlas, serán del viento, del eco que resuena entre mis labios. Hace tiempo que te miro con la mirada insignificante que poseo para ti. No puedo hablarte, siento miedo, ha llegado el otoño a traducir mi amor que se deshoja, ha llegado el otoño a desgajar, para mí, tu piel morena. TU IMAGEN No siempre me acompañan tus palabras, a veces estoy solo porque tus senos ya no son mi isla y la niebla no me deja ver el horizonte donde debían volar tus ojos para posarse aquí en los míos. Ya no veo la mar inmensa donde las olas tuyas me arrastraban. EL FUSIL DE LA NOSTALGIA No pasa el tiempo en tu sonrisa, las horas son larga letanía que vigilan tu mirada de papel a cada instante La montaña guarda la fatiga de mis botas A veces, cuando la nostalgia y el arnés funden los hombros, duele ser soldado, duele andar siempre con el abismo a la derecha y traer el arma al alcance de las manos. La lluvia se desprende del rapel y cae; alguien ha sembrado flores en las copas de los cerros, es como hallarse un calidoscopio a media calle, las amapolas hieren la retina; con el alma empapada al igual que el uniforme arde en el fondo masacrar tanta belleza, si pudiera echar algunas al mar de tus cabellos. Ha caído la tarde, me estremezco con la hosza sonrisa de sus labios fríos, sólo el mundo silencio de tu fotografía percibe la presencia de la noche, la luna estrena su vajilla de plata; a esta hora, la muerte gusta de lamer las manos con su lengua cristalina. Todos duermen, el aire contagia la hojarasca de los pinos, con la vigilia bajo cero empuño el fusil de la nostalgia; junto a mí, como perro fiel se estira el fuego, desde aquí puedo escuchar el incansable tren de aguas nocturnas, donde los versos llegan a suicidarse hasta mi mano

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