1994
Israel Miranda García
CALLES
I
Antes del árbol fue la roca punzante en las garras, érase de una extensa ala, vuelo raso y tajante; antes del árbol fue la roca y fue ala y pico que retaba al viento. Es preciso decir que había un motivo: volverse noche en cada pájaro. Desde entonces las rocas aúllan, sin el pájaro, sólo con un lobo que tal vez desea ser roca.
II
La calle se puebla de rezagos,
hay pequeños instantes escondidos
en la acera; se llenan poco a
poco de misterio; aquí la muerte
es vecina de la noche; cada paso
sube hasta la garganta y la extrangula.
Desde la torre del verano observo
la inmensidad que cobre estas casas,
el inicio de la batalla impuesta
por la gente, por la prisa rezagada,
por el silencio que se rompe en nuestro pecho.
III
Es preciso encender un cigarrillo
para sentirnos capaces
de afrontar el martirio
de caminar por estas calles,
observar las cornisas,
las almenas,
dejar caer la ceniza
sobre el adoquín más perfecto
donde se hunde el agua.
Es preciso enseñarnos
que la punta de nuestra bota
no avanza,
la calle viene hacia nosotros.
IV
Necesito la ternura de tu sacrilegio
para tus huellas después de la tormenta;
acaso no has delirado,
no se te ha hecho de noche
aún cuando tu demora no es absoluta;
qué importa si esperas o no,
éste es el epítome de tu historia,
tu paso no lleva rumbo,
sigue el río de lluvia
que va burbujeando rumbo a la acera.
Con las manos en los bolsillos
escribes en el agua,
dejas un mensaje
que la gente al pasar
observa
y de reojo desaprueba tu imagen;
es inútil
la mariposa no permanece.
V
La calle. Esa adorable muchacha
que nos observa,
sabe que somos callados,
y a quién nos gusta mirar
tras de su ventana.
Esta es mi calle,
no es polvorienta ni limpia,
tiene su propio silencio,
aquí no necesito más,
comparto mis secretos con ella.
Muchas veces los dos disfrutamos
de espiar bajo las faldas
de las muchachas que pasan,
o de cuando vemos salir la luna
roja como si acabara
de tener sexo.
Yo le he contado cosas,
ella ha visto otras,
pero calla,
y aunque yo muera,
de tarde o de mañana
recibirá los brazos
de la lluvia.
VI
Hoy me atreví a dar un paso en falso.
este es un callejón
camino te detienes
intentamos un beso de prisa
lejos mariposas
las luces tu cuerpo
piedra te busco
me desgarro el talón
toco el agua mi muerte
DE NOCHE CON TU SILENCIO
a Candy
DE NOCHE CON TU SILENCIO
Deseo de la luna
los pájaros que no tiene,
los deseos a gatas
y con cigarro en mano.
Muchas veces por la calle,
ras el polvo,
puedo ver tu luz.
¿Por qué, luna perversa
caminas en la noche?
Llega y se para a mi lado
permanece,
sin palabra alguna ensombrece
mi silencio.
A lo lejos las luces me atormentan,
de costado tomo un cigarro.
Me mira,
ríe,
soy el loco
que estira su mirada
y no la toca.
¿Quién puede ser la luna?
¿Acaso un pájaro
que se habita asímismo?
DIANA
La ansiedad tiembla descalza
como una niña ciega…
María Eugenia Ramos
La ansiedad llega a pasos de llovizna,
se introduce en el último rincón,
vibra,
se añeja en los charcos maduros
en busca de nuevas manos.
Es una niña,
se golpea la cabeza
desesperada,
busca en sus rodillas
en las líneas de su mano
encuentra su edad,
sueña con el sexo.
La tormenta se deja caer como un hachazo.
Si me dijeran pide un deseo,
yo pediría un rabo de nube…
Silvio Rodríguez
Escaleras abajo. Silencio.
Anoche hablaron mariposas,
tuve dudas,
las guardé en las nubes
que desean mi sangre
Como dos mañanas al relámpago
mi cuerpo arrojado al mar
se hunde entre los gritos de la noche,
una flecha dejó brotar la aurora,
las dudas avanzan por el cielo,
nos cubren todo,
hasta el deseo
que se queda guardado tras el día.
Que no se mojen sus labios
quiero ver sus llamas
encendidas…
Omar Ortega Lozada
Cierra la puerta, la noche puede entrar a robarnos mariposas y dejarnos vacíos, vacíos de alas, esas que ciegan las pupilas, se estampan en la pared como cuadros sin pintor y se adhieren a la piel simulando enormes tatuajes policromos del listón que guardas en el espejo, del ropero que avanza dos prendas y se gacha despacito para no ser descubierto. Cierra la puerta y no caerá la lluvia, no vendrá la noche a robarnos luciérnagas, ni flores marchitas por el viaje.
Adentro las figuras bailan deseosas de volar y ser parte de tu ropa. La cama se extiende y nos deja el pasto de invierno. Cierra la puerta que no deseo perder el sueño, ni tus manos, ni tus libros. La noche avanza como una sombra, un pantano que clava su mirada en nuestra casa. DIANA, has herido al monstruo, se abre su piel dejando ver la luminosa carne, se queja y amenaza con llover. Cierra la puerta, no quiero perder tu arco ni tu carcaj, no quiero perderte al rebasar la media noche. Anhelo tus labios a esta hora, antes deseosa de llegar hasta nosotros. Las mariposas se arremolinan en torno al lecho. Una de ellas cubre los instintos de nuestras manos. Diana llegó y espera sentada mi muerte.
Cruzas la plaza.
a tu paso,
un asombro de palomas
Bernardo Ruiz Granados
¿Qué sentirá la flecha en su viaje?
¿Qué sentirá la víctima en el viaje de la flecha?
Me quedé con la noche
al ver como avanzaba.
MOMENTOS
I
¿Qué puedo decir acerca
de una gaviota?
¿Qué debo decir
de las nubes
que pasan
y dejan soledad
en vez de lluvia?
Hay tantos pájaros
en este cielo,
y no puedo hablar,
pero de mi boca brotan
par de alas
frágiles, inmóviles
en el agua.
II
Hombre de pie
lectura en mano
rostro inmutable
una puerta
mujer desplaza al hombre
tras ella
se construyen lápidas
Niña
de sonrisa en brinco
en un libro encierra
hombres/nombres
III
Doce nostalgias brotaron de su cuerpo
las que fueron capaces
de levantar la mano
y dejar
los lentes cansados.
Doce
o quizá más,
ni él mismo lo sabía.
Entre sueños
llegó hasta la puerta,
el contacto frío
de su infancia
entre los árboles sintió
en calor de la calle;
no caminaba en vano,
sabía de ese sabor
que deja en el cuerpo
recibir el tierno alivio
de la mañana.
IV
Así se puede saber
que es de mañana
no porque el sol brote,
sino porque
un pájaro vuela
y se va con el viento
lejos…lejos…lejos
PAVESAS
I
¿Dónde murió la mariposa
que en mi lluvia
los restos no ha encontrado?
¿Acaso en el cerillo
merece vivir más el relámpago
que la inquieta falsedad
de la simetría?
Una luz no basta
para decir que venimos
en capullo
a reafirmarnos,
seres en espiral
como la noche que alumbra
sus despojos.
II
¿Qué será de nosotros
si la mariposa no llega
a posarse en los renglones?
¿En qué medida podemos salvar
las rocas, la corriente,
cuando somos espectadores
del reencuentro con el misterio?
III
Admiramos la resistencia
del retorno.
No somos efímeros
en estas pavesas
que estrangulan el silencio.
COSAS DE LA MUERTE
I
¿Qué paso llevará la muerte?
¿Hasta dónde llegará el pájaro
que deja semilla en cada vuelo?
¿Acaso tenemos qué volar
para perseguirnos?,
pregunto a la lluvia
que se deja caer
y queda colgada de los tejados,
si es inevitable que
mis plumas
caigan poco a poco.
Ella me responde
con una gota
que se muere.
II
Recordé tu nombre en este frío
sepulcro;
ahora que me transporto
y siento el olor a flores muertas,
aquí llueve,
la gente avanza silenciosa.
Como hormigas van subiendo la colina.
zizaguean para llegar al tetel*
ojos que miran
a un lado de mi, los buitres
al asecho.
Los viejos esperan. Rezan.
La muerte se recarga en mis costillas,
te sigo,
lejos, ajena y solitaria.
III
Tímida
arroja un pedazo de pan.
La procesión cala los huesos;
tras la luz del cristal
se distorsiona.
Todos arrojan su puño.
La muerte
se peina en una silla.
IV
Dentro de la noche
el viento se estremece,
no hay suerte para las palabras,
el corazón en forma degradante
provoca ser río
no es oro que pregunta,
no es alma que mira la claridad
histórica de la muerte
en libélulas
o mujeres carcomidas.
No hay memoria, noche,
no hay pueblo para este pueblo,
solo el café sobre la mesa,
un detalle de mañana
que corta las cenizas
a mi cuerpo.
No hay nubes,
voces que acompañan la voz
de los pantanos,
banderas que inicien
el regreso de la aurora.
Los ojos en racimo
se me vuelven mediodía,
el fondo del viento
pertenece a octubre.
No hay insomnio para este recuerdo,
ni para tu voz
en barcas contraídas,
ciervo futuro
de sangre el clorofila.
No hay flores,
sólo amigo que penetra fantasmas,
no hay silencio que pregunte por la vida,
no hay vida
que pregunte por uno mismo.
V
Dos almas caminan
e miran una a otra,
se toman de la mano,
caminan.
Estrechan pensamiento;
dos almas que en su unión
dejan pasar
aire y luz.
En silencio
a tarde y dos sombras.
VI
¿Qué tendrá la noche
que me desviste el sueño?
¿acaso requiere de un broche
para sujetarse el vestifo
y dejarme dormir?
No sé cómo llegan
estas imágenes,
pero se suceden
una tras otra.
No me queda más
que protestar
contra el silencio
de tu ropa.
VII
Figura tiene esta piedra
rebota
dice miles de palabras,
y preguntas
y palabras;
¡qué estúpida me resulta esta piedra!,
y la calle
y el silencio.
Pateo por última vez
antes de gritar.
¡Cómo quisiera ser piedra!
y estúpido
y ser pateado
con tal de no perder
mi forma.
VIII
Con las misma garra con que me destruyes
las sienes,
te ofrezco mi victoria
porque solo merecí morir
cuando deambulé sin un centavo
en los bolsillos,
con la misma tormenta
que me lava el cuerpo,
con esa misma te toco,
por eso camino
solo
solitario entre árboles, calles.
Busca esa piedra, la lejana.
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