Portada del libro El Egoismo de la Flor

EL EGOISMO DE LA FLOR

1989

Daniel Jesús Cabrera Padilla


ABRIR UN LIBRO

Abrir un libro
es como encontrarse una flor;
comenzamos a deshojarla
cuando en nuestros labios
corren sus palabras…




LA MÁSCARA DE LA LLUVIA

La máscara de la lluvia
la talló en el roble más robusto.
Hizo del tallo fetiche
tótem  para velar la noche.
Sonríe tras su máscara de agudos sonidos,
ahuyenta a los cinzontles
y, agazapada,
escudriña la aldea.

A sus pies el relámpago
deja ver su sonrisa
llueve silencios
Un leve otear de palabras
resbala sobre la madera.
La lluvia las calló
con el rumor de su aliento
en la lejanía de su imagen.

La tendida noche
teje y sonríe
tras la máscara.




AYER LA TORCAZA

Ayer la ví,
ayer ví la torcaza nocturna
desde el campamento;
estaba sumisa, pensativa,
como queriendo traspasar al silencio.

Traté entonces de levantarme,
de charlar con ella,
de tomarla entre las manos…
Todo fue inútil.




KOUMBA TAM
(CANTO PARA INVOCAR SUEÑOS AFRICANOS)

Koumba Tam, Koumba Tam,
mujer de negra faz que al embrujo has invocado,
mujer de negros ojos,
mujer india,
mujer negra,
tu hermosura me ha embriagado.

Existes por las noches cuando la luna
te abre los ojos,
te llenas de gozo
y sales en busca del amor.

Koumba Tam, Koumba Tam,
mujer con senos que dieron forma
a la jícara;
reina y señora de la creación de sueños.

Koumba Tam, Koumba Tam,
tu nombre es el sinónimo más preciado
del África Negra.




JAGUARE, MIRADA NOCTURNA

La garra de la noche atrapa mis ideas,
no vienen las palabras arriadas por el viento
no, el jaguar está cerca,
encierra la palabra lenguaje
entre sus oscuras fauces.

El viento se esconde cual venado,
el solo movimiento de la silueta
lo previene:
siente la oscura mirada de la noche
vertiéndose a cada momento
sobre su piel acorazada.




LA MAÑANA INTERCEDE AL MUNDO

De nuevo amanece mi ventana
y de un vuelco
mi corazón se despierta.
Casi pude ver al sol
reir en la alborada,
mas no,
a mi rostro apesadumbrado.

Es temprano.
La niebla traspasa los cuerpos
que aún duermen.
Intento dialogar con mi sonrisa
pero no la hallo por ningún lado
(¿La habré olvidado anoche en el parque?).

La mañana intercede al mundo.
Corre el rocío en las plantas
y en mis ojos
el recuerdo de su amor
aparece.




POEMA PARA UN HOMBRE COTIDIANO

A veces la mañana
nos pierde el apetito
y el débil aliento de sus latidos
se golpea incesante en mis palabras.

Más al rato se despeja el rostro
y es entonces cuando, en sí,
nos toma sentido y nos engulle,
y nos traga, y nos digiere,
y nos transforma como siempre lo hace
en hombres cotidianos
de barba  o sin ella
de corbata o si ella
de lentes o sin ellos
Contacto con la mañana que me indica:
"La hora del trabajo ya se acerca".

Tomo mi cuerpo lleno de latidos, barbas,
corbatas, lentes
y marcho al trabajo con la vida
que imita sonidos sobre mi hombro.




JUNTO A ESTAS PALABRAS

Moriré…
pero no para tus labios
en los que vivo y a caso viviré
hasta que tú me olvides.
Tengo, junto a estas palabras
tu pálido rostro niña-mujer
asustada.

Te recuerdi así, trémula
como gacela temerosa del relámpago.
Serán dos o tres días acaso
el tiempo que tendrán para quedarte
no quiero soportar gratis
el peso de tu nombre.

Se hace tarde y te marchas
con rumbo desconocido a mis brazos.
El tiempo pasa, se detiene sorprendido.
Y voltea, y nos ve, y sonríe.
Y sonríe cuando mis lágrimas;
sigue su camino.

Tú miras el rostro mío
y no ves dolor…
Esa conversación llegó a su fin
cuando ambos giramos el destino.
Y con el corazón en la mano,
me retiré;
y con la idea de culpa,
te restirarste.

Y ya bien entrada la noche
te volvía a recordar…
pero ya no eras la misma.




NO PUEDO DORMIR

No puedo dormir porque tu silencio
se ha prolongado hasta las raíces de mi ser,
porque tu mirada es como ácido,
porque tu recuerdo
es un poster/impostergable.
No,
no puedo.
No puedo dormir porque ahora me doy cuenta
que me haces falta.

Me levanto,
habito este momento.
(Mi sueño se acrecienta…
pero no duermo)
El insomnio toca la puerta.
Lo dejo pasar
para que me hable de ti, de
de lo que has hecho
(o de lo que no).

No puedo dormir
porque tu presencia
es parte de mi sueño.




ORACIÓN APOCRIFA POR TU AUSENCIA

Si tus besos
vuelvo a ser el miserable de siempre,
sin tu calor
vuelvo a sentir entre mis brazos
la palabra nostalgia
que anida en mi corazón;
sin tu mirada
vuelvo al ciego de amor que he sido,
sin ti, sin tu presencia
La noche cae tras mis pasos
y se estrella en el asfalto
vacíos de tu amor.
A mi lado,
la noche gruñe y come restos de la tarde;
la luz se consume al compás de este poema.

Bien quisiera de tu amor
llenarme los bolsillos,
pero tu ausencia
resbala entre mis manos.

Sin tus palabras
el tiempo pasa,
pasa y se detiene
en espera de tu llegada.




ELVIA ESPERANZA

Amo tu nombre
y también al mes de Mayo.
Esta mañana me di cuenta:
tu voz ya no era diferente
desde aquel día doce
cuando entre mis brazos
grababas en tu corazón mis palabras.

Amo tu nombre
y también tus cabellos
y tu rostro, y tu cuerpo, y tu voz.
Esa voz casi melodía,
esa voz, esa voz.
Esa voz tuya y mía
y de nadie más.

En realidad,
no tuvo por qué saberlo este árbol que miro,
y sin embargo,
fue tanta tu insistencia
que ahí dejé tu nombre
abajo del mío,
con una y entre los dos
marcando el destino.




PARA TI …

Resuelvo en este instante
mil palabras o versos
y formo este poema.

Ignoro cuál sea la causa
que me lleva a girar estas palabras;
pero me atrevo a regalarte,
sediento de amor,
cariño en pensamientos.




EL EGOÍSMO DE LA FLOR

La bugambilia pide muros para desmayarse
pide muros
para esconder su color
y
sólo encuentra
sonrisas quebradas,
rostros ocultos, cerrados por el miedo.
El tiempo se detiene a obsequiarles
dos minutos
y un muro…
el anhelado muro.
La bugambilia no sabe qué hacer,
si reir, llorar o desmayarse en él.
Un poco más allá,
en la selva, ese otro muro,
entretejido con ojos de venado
y plumaje de quetzal,
la bugambilia tropieza con su imagen.

Los animales a su cuerpo se acercan,
y temerosa, cierra sus pétalos
egoísta.
De pronto comprende que la vida
es sólo un par de amaneceres
y que el día menos pensado
sentirá la mano de un hombre posarse en su cuello
y cegarle la vida,
para adornar el pecho de su amada.




DESTRUCCIÓN DEL PARAÍSO

Un árbol se planta sobre mis hombros
yo me pongo de pie contra el destino,
las estrellas brillan en lo alto de las hojas:
buscan nuestra mirada.
En el suelo caracoles brotan,
destrampadas raíces,
un verde quejido se deja oír tras de mi espalda:
las sombras cubren mis palabras.
El agua del saber y de la gloria,
pragmático sabor, sabor del mundo;
ciudades de lodo enarboladas
amenazan mis ideas
las cubren de negro.
Los árboles se desvanecen
caen tras las vértebras del silencio,
los árboles crujen, comienza la desolación
si fue el pecado, ahora es la muerte.
Se abre el precipicio ahondado por mis brazos.

Un leve revolotear me atrae:
la era del desarrollo amenaza la vida
y en la selva nuestros pasos
se vuelven murmullos, hojas caídas
carcomidas por las fauces del cielo
y por el viento que deshoja
estas palabras.




DICIEMBRE ES UN PÁJARO BLANCO

No hay una palabra
en ese aire que respiro,
ni palabra, ni respiro.
El viento se desnuda a mis espaldas,
se deja caer al suelo
como un traje sin cuerpo.
Diciembre me recuerda cambiar de rostro,
me recuerda cambiar las fechas,
ponerlas en cajetillas de cigarros
y tirarlas por la ventana.

Diciembre en un libro cuyas palabras
recitan pensamientos de Navidad;
es un libro que al abrirlo
deja escapar cierto aire friolento.

Diciembre en un pájaro blanco
(el último de la docena del cielo).
Para otros, es tan sólo
abrir el calendario
con un nudo en la garganta.




DÍAS CONTADOS

¿Para qué hablar de mis días
si ya están contados?
Tal vez si una noche lo preguntara
podría existir una sórdida respuesta.

Pero mientras tanto
el fuego destruye lo que fue el día,
como pedazos de hojarazca
se consume irremediable ante mis ojos.

Tras mi sonrisa
los momentos felices caen, se apagan,
lloran el ocaso furtivo.

¿Acaso para morir necesito permiso?

No importa.
Duele más ver cómo las llamas de silencio
acaban con la tarde,
cómo la abrupta soledad
enraiza mis palabras.

En la calle
un perro lame los restos de la tarde.

Desde mi sombra
percibo un olor a inocencia quemada.
El destino ha hecho lo suyo.




LA CAJA DE CARTÓN

Una caja de cartón se cruza de hilos
guarda un milenario secreto:
el aroma de la poesía.
Esta caja, casa de palabras,
lluvia de versos,
rostro aburrido del día,
garganta sin voz,
pájaro sin alas,
estómago-separado-del-cuerpo,
está bajo la fuerza de la mirada
de un lector que se imagina
verla allí, en el suelo
como perro agonizante.

Esta caja es un poema
cuya textura intenta ser de cartón.




IMÁGENES

¿Son felices los espejos?
¿Quién lo sabe? ¿Acaso el hombre
o la mujer que se reflejan
para ver la mentira,
para verse mentir,
para ser mentidos?
¿Quién lo sabe?
¿Acaso el sol?
¿Acaso el ocaso?

Con la mano derecha tomo un espejo,
la redondez cuadrada de sus ángulos
permite mirar los sueños.

Introduzco la otra mano en el espejo,
tomo la imagen de mi cuerpo,
asiento el espejo
y me dejo llevar por sus alegres tristezas
que devoran el día.

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