1996
Luis D. Canul Suárez
CENIZAS DE UN LIBRO Quemo un libro donde está escondido mi pasado; se consume en las manos de una estatua. Mientras espero que sus cenizas marquen cruces en mi cuerpo, decido en cuál puerta esconderme; tal vez en la piel de un jaguar o en las cuevas que me introduzcan a su sangre Quemo un libro donde está escrita mi muerte. Me miro en una uña, la confundo con un espejo clavado en la arena. Me ato a un clavo, quiero ser una fotografía que presuma a un horizonte devastado. Un girasol se marchita cuando sale la luna y ésta se derrite cuando cantan los grillos. El fuego sigue quemando los recuerdos, sigue robándose mi sombra, quema mis ojos. Y no veo dónde morir, no sé qué lápida está hecha de cera para dormirme y estar al lado de los santos. El libro muerto aparece en mi sueño, dice: Indaga tu historia en una piedra y que su dureza sea tu corazón. La busco; está dormida, sufre, ya no tiene caso revivirla y echarla a volar. Una página herida lamenta su insignificancia frente al tintero. El libro yace en los ojos de un búho. MEMORIA DE UN RÍO I La voz del río se escucha en la agonía de una garza. El pueblo despierta de su letargo, murmura a la salida del sol. El primer destello deslumbra. La apariencia de sus venas cambia. Río de una débil corriente, se deja atrapar en la red sin saber que la sombra se alimenta de humus. De orilla a orilla, vida o muerte. Aquí se ahogaron esperanzas. Ahora son peces que nadan hasta la boca de un cocodrilo. Río de mi infancia, hoy el azul no es tu reflejo porque estás roto. II He vivido bajo tu sombra, sintiendo aquella humedad que me dio tu sangre. Esa voz es tuya, siempre la escuché llena con los murmullos de tus calles. Sonrío al ver tu vegetación. Mis palabras anclan en la realidad oxidada. Los pájaros absorben la saliva de los mangos. Viví bajo tu sombra más de una década. Recuerdo tu voz a la espera de un instante que renazca en la luna y contemple aquel silencio que alguna vez fue parte tuya y de mi sangre. III (Habla el río) ¿A dónde van los ahogados? ¿De qué espejos nos miran? ¿Por qué su cuerpo se disuelve en mi sangre? ¿Es que acaso nos arroja a la humedad? Se pudren en la nostalgia. Lloran fuego. Nuestras palabras pescan en la pecera de esas vidas. Sus corazones anclan en la superficie de nuestra piel y lágrimas corren por nuestros rostros. IV (Responde el ahogado) En agonía miro al otro lado del espejo: arriba, arriba. Son pedazos de cielo los que se posan en mis ojos, fragmentos de luz en la boca del horizonte. Y mientras se incendia tu líquida sombra te lanzas al murmullo de los árboles que arrastras. El árbol seco ya nos es árbol, sólo es tu reflejo grabado en el infinito. V (Navegar en un espejo) Los barcos de papel navegan en mi espejo, van por mis lágrimas. Resisten en la tormenta causada por el Neptuno bajo la luna llena. Espejos en los que me sumerjo en su interior y sangran mis manos al tocar el perfil de su rostro. Todavía hay tiempo de navegar en lo oscuro. No sé cuál barco en real, si el del espejo o el del océano. Los dos son el mismo: uno para mi alma y otro para el viento. Tal vez navego sin darme cuenta en el vuelo de las gaviotas. Tal vez bajo mi muerte.
VARIA INVENSIÓN DELETREO LOS SUEÑOS DE LA NOCHE Rompo cántaros a tus pies. Miro tu mirada que desciende piadosa. deletreo tu sueño incógnito, cicatriz en carne viva, noche a la que desprendo pétalo por pétalo hasta llenar lagunas de sangre. Al otro lado del espejo, flores enfurecidas. El grillo canta ante tus ojos negros, se consume entre su sombra lenta, huye de una multitud de mariposas que devorarían su aliento hasta enmudecerle. Todo es un sueño inconcluso en la ira de una rosa, todo es nada en los ojos de su lecho. ALIENTO NOCTURNO Cuando tu canto llegue a los oídos de la esperanza misma, árboles y pájaros renacerán de tu pasado, ilusión que aisló el tiempo y que se deja llevar entre tus manos hacia las paredes de una iglesia. Escucharé su eco. La voz en bendición de luna. Necesito escucharla para olvidar que vivo en un infierno. necesito cantar lo que nunca escuché de las aves. Espero que tu mirada me interprete como horizonte y que la luz se apiade de mi sombra. TORERO Camina despacio, ojos la multitud y las cornadas que le sangran el alma. El viento se humilla al igual con la bestia. La plaza es un infierno que dispersa gritos. Espada que mancha la muerte, movimientos de un arcángel. El campo solloza... ¿Quién devorará mi verde? ¿Quién si no un toro me bautiza con su furia? Torero, das vida al novillo al otro lado del espejo, lo hundes en las entrañas de un volcán, lo marean las olas del capote, lo encierras en una estrella aunque no sabes si mañana serás polvo del polvo. Cuando sientas en tu cuerpo dos espinas y se diluya tu traje, gritarás, romperás la barrera al igual que la sombra que se deja matar por el viento. CORCEL DE FLECHAS Si la noche cabalgara sobre un corcel estas palabras serían fuego que se prende en la intimidad de una rosa. Tu piel sacia a los cuervos. Eres el vendaval bajo la sombra de la luna porque en su mirada hay sangre. Estas ramas cortadas son brazos en el vientre de una montaña. Las huellas que dejan los jaguares son espejos manchados. Los cuerpos de los ángeles están dormidos en el suelo. ¿Qué bestia robó la voz de la cascada? Si esta página fuese mar entraríamos en él con las manos atadas a sumergirnos en el tiempo. La lluvia está atrapada en el árbol. Pasamos bajo ella, nos empapamos de recuerdos en el caudal de una mirada. ¿Qué le hicimos a los árboles? ¿Por qué lloran amargamente después de la tormenta? Son vidrios rotos en la nostalgia. Caen e el rostro de una sombra. Mueren absorbidos en el silencio. Si sólo fuesen aves volarían al universo agónico. El cielo es egoísta. Somos vasos que llenan y beben los ángeles. La lluvia está atrapada en mis ojos. UNA PIEDRA NO PUEDE AMARNOS Una piedra no puede amarnos; se lanza a ella misma, es silenciosa. Se encierra en la nostalgia, se deja llevar por su dureza. ¿Por qué no puede amarnos? ¿Quieres, piedra, ser la estatua a la que hablo y no contesta nunca? Eres el corazón de un volcán. El sol te mira y tú rechazas sus rayos. ¿Por qué una piedra es muda? El aire se roba su voz o los niños la arrojan al horizonte. Yo no sé si una piedra es parte de mi alma. Una piedra no puede amarnos pues se desgajaría. CONTAGIADO DE MUERTE Lloramos en silencio, reflexionamos frente a tu retrato que siempre mira al espejo. Lanzo un gato hacia la noche. Mato un pájaro de una pedrada, cae en tu reflejo; lo encierro en la jaula del otro ya muerto. "Estoy loco por la muerte". Tu sombra me invade. ¡Vete antes que tu piel devore! No entiendes que mis ojos se han gastado por mirarte. Sólo mis manos acarician los muros humedecidos. No sé qué hacer: ¿Lanzarme a un pozo? ¿Comer mi cuerpo? Es que la luna ha desaparecido: la robó la niña que perdió sus pasos. Matamos sombras para después amarlas. ¡Oh Dios!, ¿por qué vigilas nuestro transcurso hacia el silencio. ¡Déjanos morir por nuestra propia cuenta! TRES PESADILLAS 1. Demonios nocturnos En los ojos del gato coseché mi semilla, cada noche espero que germine la luna. Perseguimos a las ratas y devoramos sus cerebros; contemplamos sus cuerpos mutilados, que se pudren en la sombra. Nuestra sangre se combina y la bebemos. Las brujas aman a los gatos, los usan como amuletos para convertirse en cuervos. Con nuestras garras marcamos tatuajes a los árboles. Los gatos desean la leche de la luna, para ser parte de ella. Somos uno: él, un gato y yo, su sombra. 2. Entre las ramas de los siete sueños Mi sangre ha quedado en el paño que bordaba mi madre. Ya no sé, si aún sigo con los gnomos, pero mi piel cubre las cimas y mis ojos ya no son parte de la noche; se oscurecieron desde que se incendió mi historia. Los gatos me rasguñan, no sangro porque soy estatua de mármol, aunque me desmorono siempre. ¿Acaso el alma se extravía en la memoria de los niños o la diosa de los duendes? ¿Ya no los arrullas, madre? Si algún día desaparecieras, te buscaría en el bosque. 3. En lo profundo de una hormiga He caído en un profundo hormiguero y me rompo en mil pedazos perdí la noción del viento que arrastra a las estatuas. Necesito aislarme en un abismo; así agonizaré bajo mi tumba. He caído en la esperanza y la bebo. Ya no siento mi sombra; se la lleva un pájaro quien sabe a dónde. Tal vez la noche. Ese diluvio se almacena en mis ojos, me parte el cuello la navaja de un colibrí. Hasta me han salido plumas de muerto, hasta me han salido alas de ángel, hasta veo mi lápida en un espejo. Si en lo más profundo de una hormiga encontrara tesoros, serían pesadillas de monstruos y sombras. He caído en lo más profundo del silencio. No veo, no hablo. Sólo escribo, escribo, escribo… MIÉRCOLES DE CENIZA Le he preguntado a mi ángel de la guarda dónde está el camino. No contesta porque su voz no está en el coro. Tal vez la religión es el agua que he bebido y que derrama palabras que nunca había dicho. Hemos llegado a una iglesia construida con rezos y profecías. Bebemos agua bendita, pedimos a los cuatro puntos cardinales que las cenizas rompan el silencio. Creemos que el ángel de la guarda duermen entre sus alas. Proclamamos la resurrección de la lluvia. Creo en él que es hijo de las palomas blancas. En el árbol que nunca se derrama sobre una tumba. Si llegamos a una iglesia nos sentamos en su trono; escuchamos decir que ya es demasiado tarde. ¿Por qué nuestras almas están crucificadas en una ceiba? Nos perdemos en la niebla, en su espesura. Quedamos ciegos. Buscamos salvarnos. Hoy le he preguntado a Dios si mi vida tiene sentido aun cuando maldiga a los cuervos. RECUERDO DE HACE DOS SIGLOS A Cinthya Bajo el amanecer corroído por el viento, recuerdo días en que la adolescencia llegó hasta hacerme suyo. Fueron sus ojos los que me iluminaban, fueron sus labios los que tocaron el aire y me besaron. Fueron sus palabras las que escuché desde un siglo antes y las volvería a oir hoy y siempre Ahora la veo bajo mis párpados quietos. Ahora comprendo que esa experiencia fue parte del agua clara e insaciable. La miro tras de mí diciendo que la luz son sus ojos. Entonces dibujo su rostro en un árbol. Recuerdo que es inaceptable. Quiero sus manos en las mías y nuestras miradas una sola. ¿Por qué se desvanece cuando acaricio sus cbellos? No sé si volvería el pájaro que dejamos en libertad cuando nos despedíamos. Entonces la amnesia se apoderó de mí y su rostro me bebió dos siglos antes. A MODO DE ADIÓS 1. Los últimos días son éstos Los últimos días son éstos otearé tu humedad antes de morir sin que lo sepa. Me alejo de tu azul que me confunde. Tal vez regrese cuando no sea un niño, tal vez cuando mis ojos lloren más de lo que clamo e imagino, tal vez cuando mis manos sangren. Los últimos días son éstos. Los miro en una lápida de lodo. Recordaré sonrisas en las alas de las guacamayas. Sumerjo mis manos, mi cabeza, mi cuerpo. ¡No sé dónde estoy! ¿A dónde iré después de una tormenta? Tal vez a la profundidad de sus lágrimas… 2. Doy gracias a un poeta Reconozco que soy víctima de sus libros, de sus palabras que me saciaron de viento y azules y aún divagan en mis entrañas. Me miro en un espejo y ya no soy el mismo: se transformó mi eco en música. No sé cómo agradecer su doctrina exacta que me enseña a volar en una hoja en blanco. No sé cómo la apariencia de un camaleón engaña a una libélula enfurecida. Reconozco que soy ave y titubeo y no puedo quedarme porque el sur me llama, deberé de emigrar a otros azules en los que mi sangre se combine y se derrame con la nostalgia. Detrás de mi ausencia él escribe lo que aún queda en la vida.
EN LA MEMORIA DE MI INFANCIA EN MEMORIA DE DON CANDO Doña Ana, ¿cómo están tus gatos? Ayer quisieron devorar mis palabras; pelean en la azotea, invaden nuestro sueño, lo arañan. Solos en la oscuridad, tú y don Cando. ¿Por qué se marcharon tus hijos lejos de sus sombras? ¿Acaso no comprendieron sus caricias? ¿Por qué ignoran su falsedad manchada de recuerdos en el pozo del oro? Yo los acompaño y espero que me cuenten lo que ya se marchitó de tu jardín. ¡Destruyan la vejez con las espadas que trajeron de la guerra! No dejes que se oxide su piel, báñenla con recuerdos. Caminen por el sendero de la vida tomados de la mano… FUE U SÁBADO DE GLORIA A mi abuela ¿Hasta dónde corren las lágrimas que escurrieron de tu alma? El abuelo te ha marcado cicatrices: No te vio cuando pasó cerca, huyó de este nido lleno de pájaros. ¿Por qué no vuelas si fuiste una santa? ¿Hasta dónde escucharemos tus rezos? ¡No te marches! Cuéntanos historias de fantasmas, de tu vida que se hizo polen. Cántanos amaneceres, arrúllanos bajo la sombra del sillón viejo. Si te hubieses quedado estas palabras fueran agua y flores en la mesa de tus santos. Contemplamos tu sepulcro; mi madre llora hincada Yo, como ave en agonía. Los demás reviven cirios. Tu fantasma invade el patio junto al árbol seco. Si llegaras de visita te besaríamos bajo la oscuridad de estas palabras. Abuela, llévanos contigo hacia las supersticiones. ABUELA JESÚS Te acompaño a la vida, abuela. vamos al patio. Caminamos por los pasillos del instante, cantas aún, lloras aún, aún amas el alba. Cada que abres los ojos rezas por nuestra sombra y nosotros escuchamos tus pasos llenos de música. Aunque tu cabello esté lleno de insomnio, en tus ojos hay flores que no se marchitan. ¿Acaso el destino es culpable de que tu huerto esté seco? Abuela que das frutos, no quiero que vayas al mar, él esconde a la muerte. Tu voz es el eco de un cerro herido. Guardas recuerdos en el ropero añoso. Son hermanos del tiempo tú y el abuelo. EN TINÚN VIVEN En Tinún viven mis abuelos, en Tinún los cerros guardan el eco de los duendes. Camino por sus veredas llenas de bejucos y observo a las piedras que languidecen bajo la sombra de los árboles. Busco el lugar predilecto de mi padre, busco mi rostro en los retratos que mi abuela guarda en el ropero. La tierra de las milpas es el cuerpo de mi abuelo; de él brotan los mejores frutos, en él la genealogía se pierde en los cuatro puntos cardinales del crucifijo que marcan los caminos. Abuelos: ¿Por qué mi ser está atado al roble muerto? ¿Por qué cada vez se vuelve más muda mi voz al ver a la Xtabay que persigue mi cuerpo adolescente? Necesito beber de una sarteneja igual que los pájaros para cantar al horizonte y sus esquinas. En las noches recordamos bajo la luna todos los momentos y la luna sabe a noche y alba: fruto del camino que se muerde. PADRE Si la eternidad fuese tu sombra viviría en ella pensando en la luna por siempre. La noche no puede cerrar sus ojos si estás despierto. Derrama lágrimas el Cristo que me regalaste aún cuando las seco con mi piel. Tal vez mis ojos son los tuyos y mi boca tus palabras. Tal vez esta hoja escrita cayó de un árbol, pero en tu cuerpo una cicatriz es la puerta al mundo. Si el mío estuviese ausente, tus manos desquiciarían al viento. Padre, cómo pienso en el mañana… PADRE Quise morir con la tinta de la noche las palabras que me arrullaron cuando era niño. Quise recordar su rostro bello que abrazaba mi alma dormida. Ya el cielo se posa en la jícara que bebimos en un instante de eclipses. Ojalá fuese su sombra inválida. Mi existencia es parte de una abismo. Rezo con mi madre para que el cielo y el mar sean uno mismo, un diluvio en un vaso de cristal. De la rosa el dolor oculta espinas que se clavan en mi pecho y, merced a una caricia, se convirtieron en lunares incrustados en mi vida todos los sufrimientos. Si nombrara a mi madre diría horizonte, lluvia y viento, que se turnan para ser noche, alba y arco iris. TRES SEMILLAS A mis hermanos Tres semillas que han brotado de la noche escapan de la oscuridad y caminan en el reflejo de la sangre. Son marionetas que ríen en el escenario. Decidimos ahogarnos en la caricia de una madre y en el amor de un padre; idolatran al mar pidiendo por tres planetas que viajan al vacío enjaulado para que no se asfixien en el reloj de arena del abuelo. Somos tres polluelos que aprendemos a volar por sí mismos en la piel de la nada en la cual dormiremos bajo la sábana de un fantasma. Cinco árboles, dos ya viejos dan sombra a su sombra en la tenacidad de la resina. Somos hojas, dos ya secas que se dejan llevar por el viento. LUEGO DEL DERRUMBE DE LA CASA Siempre quise subir a su techo para ver el mundo. Aún la recuerdo como parte del horizonte: una montaña entre mil montañas. Sus paredes eran escaleras al cielo. Abro sus puertas invisibles, miro por sus ventanales muertos. Intento dibujarla en esta hoja. Su sombra me cubre, mas no la veo. Si tuviera el sol en mis manos la alumbraría. Aún la recuerdo en los pasillos de mi sueño. Son ladrillos sus lagrimas petrificadas. La cama invadía mis oídos; escuchábamos brincar sobre ella a niños fantasmas, eran los hijos de la casa, hoy ausentes gracias al derrumbe. Ellos vivían en sus retratos, aún viven. Pero un día llegamos…, sólo una lápida sustituía su lugar. Aún guardo ese ladrillo con el que edificaré mi muerte. ¿DÓNDE ESTÁ ENCERRADA MI INFANCIA? "La cada está afuera no en estas cuatro paredes de las que soy prisionero" Ramón Iván Suárez C. Estoy prisionero en las celdas de mi antigua casa. Soy víctima de los espacios que me miran como a una sombra. Estoy prisionero en mi infancia, la busco. ¿Dónde están los fantasmas que conversaban conmigo? ¿Acaso el ángel de la guarda se refleja en ellos? ¿Dónde jugué con fuego? Tal vez en su lápida, tal vez en su techo, tal vez en la nada. Extraño esos momentos donde el polvo hiere la entraña del recuerdo, pues una puerta salva nuestras almas atadas a los clavos y rechina en vaivenes y rechinan nuestras voces cuando extraño esos momentos. No está mi infancia. Cavaré en esta hoja hasta encontrarla.
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