Por Agustín Labrada Aguilera
A nadie asombra ya la existencia de escritores adolescentes en nuestros ámbitos literarios, aunque no todos ellos alcancen el mismo resplandor perdurable de un Arthur Rimbaud. Tampoco muchos de los hoy consagrados por la vejez, la crítica vendida y los intereses institucionales han llegado a crear una obra trascendente y sólida en su médula artística.
Hace dos años festejamos la publicación del libro Sombra de mi sombra, de Meztly Vianey Suárez, y ahora nos llega -mensaje lanzado a las aguas de Bacalar- el poemario de otro muchacha: Adriana Cupul Itzá. Poseída por la luna, título de raigambre romántica y de apacible arquitectura gramatical, se suma al árbol joven de la poesía escrita en Quintana Roo.
Adriana, de sólo 15 años, pertenece al taller literario Syan Ka`an que coordina con una disciplina asiática el poeta Ramón Iván Suárez. Poseída por la luna es el primer título de la colección Cuadernos de la Casa Internacional del Escritor, que con poco dinero y mucha fantasía inició el propio Suárez Caamal.
Fragmentado en tres secciones (Una mujer, un diablo tierno, Con las primeras sombras, y Lazos de luz y de noche) el libro se articula como un mosaico de artesanías metafóricas, cuya unidad estilística se trasluce a una especie de neovanguardismo, generado por el ajedrez verbal de sus composiciones poéticas. Es la prosopopeya la figura retórica que se erige de principio a fin como protagonista.
Sólo al comienzo hay un lirismo menos estridente, donde no son tan notables las costuras lingüísticas, matizado por un aliento semejante al de la poesía primitiva oriental: "El amor este año trae al aire/ el equilibrio de un pétalo;/ pudiera crear entre tanta bisa su perfume;/ me ha dicho un secreto,/ me ha llenado los ojos de lluvia..." Delicada inmersión del hombre en los ritos naturales del campo.
Contiene, pese a su añeja forma, una frescura sensorial que hace fluida la voluntad de reflexión en medio de una atmósfera eminentemente sugestiva: "...porque su mirada es parte de la mía/ y su alma, la flor que muere en este verso." La tropología es decodificable a través de los códigos seculares de interpretación, sin que ello trunque el diálogo (poema-lector) de carácter simbólico emocional.
Con las primeras sombras exhibe quince poemas escritos arbitrariamente en prosa y en verso. Aquí el tono fluctúa de manera incoherente (ignoramos si es un objetivo estético de la autora) entre una solemnidad casi bíblica, un conversacionalismo discursivo y una espontaneidad infantil. El sujeto lírico se desdobla al asumir vivencias que pertenecen a una historia y a un tiempo que no es suyo, y en ese gesto teatral se proyecta elegante, pero artificioso.
Si bien, a medida que penetramos en estas líneas nos alarma la presencia de metáforas armadas como un juego de rompecabezas en las que el detalle subjetivo se subvalora y predominan un tecnicismo formal, también se vislumbran hallazgos que -sin perder su aire vanguardista- conmueven en su sentido anímico. Las palabras se ensanchan, expanden sus dominios semánticos y connotan más allá de su posición original.
Los poemas reflejan una carga de angustia, de soledad, de incomunicación que solo convidan al fracaso. Lamento de pérdidas sin melodrama y sin esperanza, petrificado por un escepticismo que no busca consuelo en la enajenación pues se regodea (literaria y psicológicamente ) en la catarsis de la derrota convertida en arte.
Al final los textos recobran su espíritu de inocencia y se abren en una plasticidad refrescante. Aparece por primera vez el tema del amor y la escritura se vuelve menos densa: "En verano los ojos del mar/ ya habrán cambiado a hojas de árboles./ Porque sus labios se van a una isla,/ un ave teje verdes olas,/ troncos que desnudan a dos seres de este mundo/ y porque se visten doce mares que nos llevan/ al otoño de pocos soles y lirios pocos".
Algunas fracciones, por su división estructural y su impacto idoestético, se emparentan con el hai kú japonés y no es de extrañar ya que otros jóvenes colegas de Adriana cultivan esa modalidad y hasta han sido premiados en concursos internacionales.: "En un árbol/ el ángel dejó/ sus alas secas" o "La luna:/un puente/ de huesos rotos". Con una síntesis similar al poemario hubiese ganado en originalidad.
Finaliza la colección con otro poema-juego: Adriana diría o dolería a muerte. Es el texto más extenso y en un principio recuerda las libertades sintácticas con que escribió el peruano César Vallejo La especial musicalidad del poema se enfatiza en las similitudes fonéticas y en la estructura, libre de los signos gramaticales de puntuación y por momentos cercana al monólogo interior de Joyce.
Bacalar, como una época la isla nicaragüense de Solentiname, es un manantial de poetas y de artistas: pintores, teatreros, magos todos que pueblan con sus duendes el alma de un pueblo abierto a la imaginación. Adriana pertenece a ellos y este primer poemario suyo es tan sólo un paso de colores hacia el Paraíso hechos de sueños de cristal y de vibraciones humanas.
CON LAS PRIMERAS SOMBRAS
1
Una lámpara niega el derecho a vivir. ¿Acaso es la noche que se ha fugado en un caballito de papel bajo la lluvia? Tal vez empiezo a devorar mi memoria y no cedo a la carne. Abandoné mis huellas bajo el oscuro mandamiento; llora mi voz a la que inundan el tiempo y sus orillas. Me desplomo al jurar que no me han tocado, tomo un descanso en las horas que rezan su rostro oculto. Después sigo la trayectoria que me deja a medio camino. No pretendo escapar bajo las primeras sombras de la tarde pues sería poseída por el que nació del agua.
2.
La luna, a media trayectoria, se detiene a beber. A veces con su boca de media cara, a veces con su boca de "media luna", a veces con sus labios indemnes. Anoche el sol hizo trizas su timón y le clavó estas astillas. Pedazo por pedazo se rompió la sombra que se perdió en el agua. Ayer también me miré en su reflejo.
3.
La luz, petrificada por la mujer de los ojos ciegos, 4.
El fuego fue creado por el agua. Así nacieron el día y la noche, así nacieron la tristeza y la alegría; así nací, nacimos todos como el mar y el cielo que nunca alcanzan a mirarse. La tarde se ha quedado sola y el mar, para consolarla, zarpó. El presente bebe imágenes antiguas. Los que hemos nacido ahora, encontraremos una luz falsa.
5.
Al filo del reloj ahogo los minutos que me ha infligido el hachazo de una manecillas
tornasol. Si levantara los brazos a las siete campanadas, mi madre le lloraría a la muerte y siete días serían borrados del calendario.
8.
Raudas olas contemplan las tardes que posan junto a las palmeras. Mañanas que se ha robado el día y, sin temor, equilibran el movimiento de una mujer convertida en barca. Nuestros cuerpo se unieron a las islas, volvimos al mar y la llaga conjuró nuestros nombres. Ignoró la verdad que nos unía. Aún así, trajimos cuerpos vivos a la orilla del mar. Hoy, contemplo los cristales de una casa que ahorca los desechos de la lluvia.
9.
Atrás del día y el agua hay un dios que pide hablar si ser el que habla. Detrás de mí hay un cuerpo que no conozco. Yo soy un ser que a diario se nutre del reflejo que no vive. Aún la mañana espera a la tarde para acompañarla a la orilla del río como una hoja que navega cada vez que la lluvia corta mi sombra. Pasos de olvidos quedan sepultados como el que halla un día y lo pierde, como el que no lo tiene y promete encontrarlo mañana. Hay lugares donde las aves son taciturnos labios que habitan el recuerdo. Morirán los pasos que aún no he dado a mediodía . Tal vez la vida se llenó de relojes y la flecha apunta a esta página.
10.
Lloramos si saber. Quizá el día esté desnudo o consiguió una larva. Para vivir la noche hay que ofrecerla en holocausto. Ella abra las olas: las que nunca han llegado y las que jamás amanecen al golpe de le muerte.
11.
La sombra de un ángel se pierde. Para salvarse, vacía palabra. Sus alas se transforman en sueños que culminan en los labios. El vendaval golpea nuestros cuerpos, desgarra cada que pasan los pájaros: ¡Libertad! ¡Libertad!; el día cambia sus pasiones y le salen banderas. Algún día huiré de esta mañana que me aturde y le diré al viento que sostenga el peso de la vida o arranque esta máscara que a cada aletazo suelta un pez hambriento.
12.
¿Cómo amarrar mis manos si no se dejan?
¿Cómo sacar esta pregunta que me estorba?
Recojo a los que no tienen cuerpo,
a los que no poseen la embriaguez eterna .
Cierro en esta página
en la que el lápiz busca un resquicio
para suicidarse. 13.
Cada vez que el viento nos golpea, muere...
14.
Apenas puedo asomarme a esta marea que pertenece a los sordos del atardecer. Apenas puedo tocar este pensamiento que nace del mar que no arguye que morirá su voz en una rama de imágenes. Los que nacieron bajo el olvido quieren ser viento sin rostro. Mi mano crece al tamaño de una ola cuando se sumerge en la lluvia que engaña a los dioses. Sé que al beber mi sangre regresará al tiempo que cabe en un mar degollado.
15.
Me acuesto esta mañana y entierro mi infancia que ayer era un trozo de mármol. También, un río y un sendero hacia muchos. Se asoman de puntillas los siglos que han de venir, muestran la cabeza ácida, y rasgan la pared que sostienen estos versos. Aún es ayer y esas aguas me ahogan bajo el peso que no puede sostener mi estatua.
16.
¿Por qué decirle al sol mis dudas? ¿Por qué decir juventud y no muerte, ponerle collares a la noche y grilletes al día? ¿Cómo soñar ángeles si de sus alas brotan demonios y sus palabras vacían mis preguntas? Dicen que ellos son santos. Yo creo que sus alas a diario desnudan. La tierra es para los dioses. no quiero tantas ventanas que se abren al alma, pues pasan siglos llorando y la mitad del sueño apenas inicia.
Un pájaro no es nadie para abandonarnos.
Una lámpara niega el derecho de vivir. ¿Acaso es la noche que se ha fugado en un caballito de papel bajo la lluvia? Tal vez empiezo a devorar mi memoria y no cedo a la carne. Abandoné mis huellas bajo el oscuro mandamiento; llora mi voz a la que inundan el tiempo y sus orillas.
Me acuesto esta mañana y encuentro mi infancia que ayer era un trozo de mármol. También, un río y un sendero hacia muchos. Se asoman de puntillas los siglos que han de venir, muestran la cabeza ácida y rasgan la pared que sostiene estos versos. Aún es ayer y esas aguas me ahogan bajo el peso que no puede sostener mi estatua.
Adriana me diría o dolería a muerte
clavada quedó su corro alrededor del mundo
sentada durmiese si viéramos el viento
son frágiles los dueños de mis sueños
cantan ágiles las alas de mis dedos
cuanto riese si doliera mi alma adormecida
(...)
UNA MUJER, UN DIABLO TIERNO
DOS POEMAS BREVES Y UNA FLOR
1.
El amor este año trae el aire
el equilibrio de un pétalo;
pudiera crear entre tanta brisa su perfume;
me ha dicho un secreto,
me ha llenado los ojos de lluvia
porque su mirada es parte de la mía
y su alma, la flor que muere en este verso.
2.
Abro el libro y no encuentro a la flor prisionera,
buscaré en la página,
tal vez la halle.
Pétalo por pétalo busco un verso, un recuerdo;
mezclo aroma a piel;
tomo el libro,
veo la última fotografía, el adiós.
Cierra la puerta, pero no tu ternura;
cierro el libro, pero no la flor...
LA MANO
Desviste la mano a la hoja acostada
tinta fluye
ESTA FLOR
Esta es mi herramienta fatal
para quitarte el oxígeno
para humedecer tu vientre en el mío
esta es mi herramienta para medir tu inteligencia
cuando tu imaginación me inunde
porque las caricias no se mueran
y las plante en la almohada
(cúbrete de solemne
no te agarres los senos
porque se te caen
y tus ojos se pudren de amor
no te desvistas
alguien te vigila)
UNA MUJER, UN DIABLO TIERNO
Ella es un diablo tierno
cada hora un ángel a sus pies se quema en ácido
un mujer peca y no muere
lleva piel de barro
¿no alcanza la guerra una puerta?
la veo en una máscara
conozco la pieza de su locura
un asesinato tiene la llave del cielo
camina en la ceniza...
6.
Escribe mi mano al otro lado de la isla.
Ojos, mar, alas
platican comúnmente, viene, ven...
Los siete siglos de mi infancia
mueren
como el silencio de las aguas.
Alguien le aconsejó que tomara la orilla del libro,
volteara la hoja
y dos piedras al golpe llorarían.
Una mancha se prolonga en la isla,
siguió su otro costado que aún no culminaba.
Detrás, más letras y más
se convierten en medusas petrificadas.
7.
¿Quién ha desnucado las primeras sombras del día?
¿Quién le ha quitados los brazos a la tarde?
Un cuerpo está detenido en una vela;
la noche teme perder un fragmento de su vida,
de su carne, de la misma voz que no posee.
Queríamos agarrar cada sombra con la mano y no pudimos,
éramos tan frágiles que si hubiesen tales imposibles
arrojaríamos la luz al fondo de los ríos.
LAZOS DE LUZ Y NOCHE
1.
En una palmera el viento recoge sus lazos de luz y noche,
va hilando los párpados de una nube que recorre la estatua del mar;
hora tras hora elige qué pueblo de hombres escapará a la lejanía.
Miro la luz que se ha opuesto a los ojos; a una seña suya el cielo alcanza mi mano y en pleno
vuelo atrapa la noche.
2.
En este día no se perderán los pájaros:
mis sentidos
volarán con ellos.
3.
Descienden de los naranjos
luces que en el mundo
son quietas esferas
que maduran.
4.
Del cielo a mi mano,
un papalote.
5.
En un zapato espero tu llegada.
Soñé tanta luz que ya la cargo en las manos,
cada mañana una estrella quema sed y hambre
y este árbol que tanto sabe a dolor
endulza una nueva vida.
En un zapato aguardo tu mirada
porque el dormir llegó tarde a mis ojos.
6.
Para matarte
bastaría un engaño
directo al corazón.
7.
Todo el mar es agua,
todo el cielo es infinito,
todo el todo es completo:
Todo o nada,
nada en el todo,
todo, todo...
8.
En la plenitud de un día
la tarde
carga un pájaro en la garganta.
9.
Con una cuchara mezclo palabras que brotan de la lluvia;
son flechas clavadas en mis ojos,
arcos en mis cejas;
sombras que revolotean en los charcos.
Si lágrimas cayeran en la dirección de mi mano,
dejarían pasar esta luz que en mi boca ocupa un sitio de espera.
10.
Las ventanas son parte
de una calle que pertenece
a este grito que ahogo.
11.
En un árbol
el ángel dejó
sus alas secas.
12.
La luna:
un puente
de huesos rotos.
13.
El mayor pecado
es ser espejo.
La mayor pesadilla,
un alma mutilada.
El mayor relámpago:
caer a gritos de ceniza.
14.
Qué importa si nos dejan,
el alma se va
apenas nace.
15.
Una gaviota está en mi boca,
cualquier diría: La noche duda de sí misma
y cada momento guarda su locura.
Un gaviota está en la saliva
porque va subiendo a la garganta
y cada vez es más fuerte su sonido,
cada vez son más fuertes sus notas.
Cada vez que la miro, se dirige al cielo.
16.
Para que dar
tantas vueltas
si vuelvo al mismo sitio.
17.
Soñar al mar es ser un ojo. Madura su mirada;
estoy en el sendero que va al infinito.
Soñar éste océano
es volar con él,
soñar estas olas
es verle a los ojos.
Soñar éste mar
es sentir su sangre y venas.
18.
Entre tantas piedras, una cabeza.
Entre tantas piedras:
amontonadas
palabras.
19.
Quién cancela mis sueños
a media distancia:
Unos ojos.
20.
Pesaré mi cuerpo
en este árbol
lleno de limones y naranjos.
A este árbol le arrancaré cabezas dulces;
a esta boca exprimiré tus labios.
21.
Tu cara
vivirá al oírme.
Tu vida
llegará a sordos latidos.
22.
Decidimos hace tantos días
formar una semana con cintas
color-alegría y color-vida,
color-notas
de una zarzamora tocando la guitarra.
Pusimos dos días a la cinta color-hijos
y a la posibilidad de hacer conjuros
con los demás minutos.
(Eran imposibles arañas).
Qué hacer ante esos antiguos olores.
23.
En verano los ojos del mar
ya habrán cambiado a hojas de árboles.
Porque sus labios se van a una isla,
un ave teje verdes olas,
troncos que desnudan a dos seres de este mundo
y porque se visten doce mares que nos llevan
al otoño de pocos soles y lirios pocos.
24.
Hemos podido ver que florecen los libros antes de leerlos,
nos trajeron las aves en sus alas letras simples
que dibujan rosas,
sueño que regreso en uno de sus pétalos.
25.
Abrimos las puertas a los últimos rayos de la tarde,
nos sentamos a ver que jugaran las flores
a ser huérfanas. Algunas con trenzas de oro;
otras, de humo.
He cerrado la ventana
aunque las sombras se tornen escondrijos.
26.
Raro es que llore
porque la lluvia podría abrir sus manos
al último ladrido de los hechos
y la mirada arrancaría los ojos a la angustia
de esta sed que vibra con el rumor de un río
atrapado en la vida.
¿Podría volar mi manos al últimos rincón de la mirada?
Sólo llegaríamos al mar de los confines
a soñar las lágrimas de todos los difuntos.
27.
Las últimas sombras del mar serán el nombre
de tus labios que van en busca del beso azul.
Vienen al oleaje de cada barca que se aleja y, sin vivir antes, se ahogan en este vaso de angustia.
28.
Las notas de una hoja desgarran
el canto de una rana.
¿Puede secar mi boca esta lágrima?
La lluvia abrirá sus manos
para caer bajo el contorno de una hoja seca.
¿Puede sentir el mar que estoy aquí
y en realidad no lo estoy?
Es raro que lloren mis ojos.
29.
La alegría de esta tarde he traído a la gente
que guarda un libro de la calle;
esta misma tarde se la robó un ave.
parece que el sol ha recogido su tristeza en un sueño
y nada pasa si este tiempo se ha ido.
30.
Los instantes duran un poco de nada
vuelan sin viento a mi memoria,
sin rumbo van los días,
vuelan sin cansarse estas letras.
ADRIANA ME DIRÍA O DOLERÍA A MUERTE
Adriana me diría o dolería a muerte
clavada queda si corro alrededor del mundo
sentada durmiese si viéramos el viento
son frágiles los dueños de mi sueños
cantan ágiles las alas de mis dedos
cuánto riese si doliera mi alma adormecida
cuánto rezase
si la cuna es poseída
no sé si lo que escribo es lo que digo
si lo que pido sea cierto
pero es cierto que ceniza está en mi cuerpo
y mi cuerpo no ha muerto
qué sería sin plumas de no resistir al viento
qué sintiera en este minuto
donde vivo detrás de nuestros muertos
dónde me escondería si el muerto está adentro
dónde comería si no hay nada adentro
dónde dormiría si está ocupado el acento
dónde jugaría si el muerto no está muerto
y si yo estoy viva qué haría con el viento
dónde me agarraría si no estoy en este cuento
y si no estuve dónde metería estos engaños
si las letras están juntas
y no hay lugar donde me duela
cuánto sería tu sufrimiento Adriana Ariadna
me conduelo de tu mentira
en este papel dolido
Por qué si no sientes nada te pierdes
dónde quedaría si terminas en la nada,
nada de la nada del río
que no llevas dentro
cuánto siento mi desprecio
y cómo arde lo que no tengo
no poseo ramas
mis manos
son dos plumeros que no tengo
pero cuánto no tengo lo que no pienso
tampoco yo me esfuerzo
lo que el desierto el cierto
es mentira la ira de la arena
que hiere un hielo el cielo derramado
cuánta sangre nada
nadé dentro y no
cientos de águilas me comen en el vuelo
que no siento el suelo del duelo que puso
y rizo la columna de una alfombra loca
he visto el agua
fuego juego
siendo y siento…
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