Bacalar tiene un nombre de siete letras como siete colores tiene su laguna. Es uno de los pueblos más antiguos de Quintana Roo y en su vida ha cruzado por convulsas facetas de la Historia. Escenario de la civilización maya, de la conquista española, de la piratería y de la Guerra de Castas, Bacalar (lugar de carrizos en idioma maya) es todavía un paraje mágico.
Bordear la laguna debajo de los rojos flamboyanes mientras ladran los perros y el sol atardece sobre las aguas, es el paisaje de cada día, a la hora en que regresan cientos de estudiantes a sus casas y se reúnen en paz las enigmáticas sectas religiosas. Bacalar esconde sus mitos ancestrales a la vez que nacen otras leyendas.
Al pueblo llegó una mañana un joven maestro que escribía poemas y allí se dedicó a enseñar a niños y adolescentes que son casi todos los habitantes de Bacalar. Una tarde de mil novecientos ochenta y seis, Ramón Iván Suárez y un puñado de alumnos de su secundaria, decidieron crear un taller literario bajo la motivación melódica del trovador cubano Silvio Rodríguez.
Ramón mezcló su sabiduría pedagógica con su oficio poético e hizo de coordinador del nuevo grupo que llamaron Sian Ka'an. Al calor de este entusiasmo colectivo se editaron trípticos para la difusión de la producción literaria del taller, posteriormente se creó el periódico cultural Primera Plana, antecedente inmediato de la actual revista literaria A duras páginas, que en un principio fue un modesto tabloide, y es hoy una de las publicaciones más prestigiadas del sureste mexicano.
A duras páginas rebasó el designio original de publicar textos nacidos en el taller literario y en sus sistemáticos números han visto la luz poemas, cuentos, dibujos, ensayos, fotografías, fragmentos de novelas y obras teatrales de autores procedentes de Cuba, Guatemala, Alemania, Honduras, Colombia, El Salvador, Estados Unidos y de todo México.
La presencia de Sian Ka'an provocó en los años siguientes la creación de una casa de cultura, la multiplicación de talleres artísticos y la fundación de la Casa Internacional del Escritor, recinto que ha acogido con calidez a creadores originarios de distintas parcelas del mundo, quienes han tenido vínculos intelectuales con los jóvenes escritores bacalareños.
Después de un recital-sorpresa, realizado por cinco talleristas, durante el Diplomado de Escritores del Sureste y de Centroamérica, en mil novecientos noventa y dos, el guionista José María Fernández Unsaín -aparentemente conmovido- los hizo miembros de la Sociedad General de Escritores de México, máxima organización literaria del país.
Todos los integrantes de Sian Ka'an, excepto Ramón Iván, no rebasan los veintidós años y son estudiantes de los diferentes centros educativos de la entidad, como el Colegio de Bachilleres de Bacalar y la Escuela Normal Superior "Javier Rojo Gómez". Sian Ka'an es, en estos momentos, la agrupación de escritores más coherente de la península yucateca.
La primera antología publicada por el grupo, a finales de los ochenta, Las palabras son culpables, y los poemarios individuales de sus miembros más sobresalientes confirmaban ya una rigurosa búsqueda estética. El dominio lingüístico y formal, las audaces imágenes y las inclinaciones reflexivas contenidas en la lírica de esos niños y adolescentes, provocaron asombro.
Tal explosión se acentuaba por venir de una zona geográfica de limitados antecedentes literarios y porque a diferencia de otros poemas escritos por niños o para niños resaltaban la ausencia de amaneramientos añoñados en los recursos estilísticos y en el plano temático. Entonces nadie conocía los métodos usados en el taller por Ramón Iván.
Ramón parte del juego, un juego serio, no las payasadas surrealistas o las conjugaciones frívolas de los autores de baladas. El maestro, a través de ejercicios retóricos, desarrolla concientemente la habilidad escritural. La invención a partir de un tema, una imagen o un modelo ha concluido muchas veces en respetables poemas.
Esa fue la primera fruta alcanzada por Ramón Iván que, lejos de cualquier camino festinado, sitúa en función colectiva su vocación y experiencias intelectuales. Ya para que no escaparan de la memoria -ese modo del olvido según Jorge Luis Borges- decidió estructurarlas en un libro: Poesía en acción (Manual para talleres literarios), que editó el Instituto Nacional de Bellas Artes.
A lo largo de doce capítulos en el libro se estudian diversos aspectos de la teoría literaria sobre una base dinámica de libertad imaginativa para la ejercitación. Ramón unifica criterios propios y ajenos, en una sólida hilación didáctica, apoyado en su sapiensa individual y en las informaciones obtenidas de infinitas fuentes culturales.
El encanto del manual reside en que, una vez dosificados los principios teóricos, pueden llevarse a la práctica a través de la escritura artística. Sin convertirse en preceptos análogos a los teoremas matemáticos, aquí se logra toda una sistematización del conocimiento, en tanto se vuelve acción y esa acción cuerpo estético.
No nos referimos a un enunciado abstracto, pues si algo tiene la metodología de Ramón Iván es su desenfado antiacademicista, su vinculación práctico-material en hechuras visibles. No se trata de fabricar fríos artesanos del verso -aunque( como en toda arte ) hay mucho de artesanía -mediante propuestas imitativas, sino que accede a la praxis sin dogmas visibles con la incursión en los más variados registros y estilos poéticos.
Si existen escuelas de pintura, de música y aún de periodismo donde los iniciados experimentan sobre los moldes académicos más consagrados, por qué no este recorrido, con nuevos ojos, por el misterioso reino de la palabra. Profesión, nociones técnicas y actitud crítica se asimilan paralelamente y al mismo tiempo, quedan abiertas las inquietudes por la lectura.
Del taller principal se han desprendido otros talleres que capitanean dos de los integrantes fundadores: Daniel Cabrera e Israel Miranda y han extendido su quehacer a pueblos cercanos como Felipe Carrillo Puerto y Chetumal. Los talleristas también escriben cuentos y algunos dibujan y actúan en improvisados grupos de teatro.
Varios de estos jóvenes han sido premiados en distintos niveles como: Gustavo Barrabás (Juegos Florales de Isla Mujeres), Mónica Chargoy (Certamen Bacalar), Emma Ligia Rivera (Eraclio Zepeda, Cancún)...También hay autores de libros íntegros como El insólito tiempo de escribir y Sombra de mi sombra, de Meztly Vianey, y Crisol del alba y El egoísmo de la flor, de Daniel Cabrera Padilla.
Aparte de los intercambios con los profesionales, los muchachos de Sian Ka`an han tenido encuentros con talleres similares en los estados de Chiapas y de Campeche, y todos han publicado en revistas y periódicos como: Cultura Sur, Tierra Adentro, Crónica de Campeche, Cal´kin y han enriquecido con sus textos la joven literatura local.
En la sección El huésped, de las páginas culturales del Por Esto! de Quintana Roo, se han reseñado su obras. Algunas son de una profundidad conceptual y de una belleza metafórica insospechadas, como El barco en la botella, poema de la adolescente Meztly Vianey Suárez Mc Liberty:
Qué manos meterían ese barco en la botella qué naufragio sería al lado de un cristal donde no hay agua o quién mandaría mensajes de auxilio. Si estoy encerrada en sus reflejos con qué alimentaré mis ideas si no tengo pájaros ni la luna a la que nunca llego. No poseeré el azul no veré sus profundidades ni la marea de sus labios que inundan cada vez que me besan. Las islas piden perdón a las rocas pero sigo en una botella y nadie me saca sólo la mano que escribe o tus ojos que leen. Tal vez vivo en las imágenes de tu mirada.
Semana tras semana llegan noticias de nuevos premios, becas, publicaciones, lecturas de este grupo literario. Actualmente se espera la salida, por la Dirección de Fomento Editorial de Quintana Roo, de una compilación poética más abarcadora, bajo el título de En la puerta del cielo. En su prólogo escribe la ensayista cubana Norma Quintana Padrón:
La poesía nace en la puerta del cielo. No hay frase más feliz para iniciar un recorrido por el quehacer de los talleres literarios de Bacalar; no sólo porque lo poético tiene su real asiento en este sitio, Sian Ka`an (nombre maya, nombre lírico), si no también porque al leer estas páginas nos sobreviene la idea de estar asistiendo al nacimiento de un misterio, cuyas luces y sombras han acompañado al hombre desde el remoto instante en que, a través de la palabra, tomó conciencia de sí e inició el viaje hacia la condición humana.No hay recetas milagrosas ni otro hechizo que no sea el ingenio de un maestro con iniciativa y sensibilidad. Los niños y adolescentes de Bacalar se sumergen en la lírica -océano pérfido-, si lo hay, a partir del juego. Jugando con la palabra, con sus valores, funciones y significados, con su capacidad para denotar, calificar, aludir, simbolizar, poco a poco descubren de nuevo el mundo y la amplitud que los trasmuta en pequeños demiurgos. Pocas veces se encuentran fundidos con tanta pureza los atributos divinos y las conductas humanas.
Considero un privilegio y no hiperbolizo -guiado por impulsos afectivos- poder contar con una metodología como ésta, digna de implementarse en los sistemas educativos latinoamericanos, para que no se repita la historia de víctimas que casi todos hemos sido de los arbitrarios programas de enseñanza y de los profesores que, sin estímulo, incapaces son de motivar a los estudiantes.
Sin embargo, casi una década después de iniciada la experimentación, surge una suerte de incertidumbre en los autores de más edad que ya transgredieron la etapa inicial de aprendizaje y se encuentran ante nuevos rumbos con una orientación confusa. La misma inquietud cae ahora sobre la revista A duras páginas. En ambos casos se constatan facturas decorosas, pero estancadas.
Las estrategias de Ramón son eficaces para un acercamiento primario a la lectura, especie de brújula para grumetes que se hacen a la brumosa mar de la creación. Pero cuando dominan ya sus instrumentos y deben elegir su puerto de destino sin la tutela de un capitán, no poseen un camino propio y se enmarañan en el sinfín de todos los caminos heredados.
Tal vez algunos talleristas no se conviertan en escritores profesionales y la literatura pase a un segundo plano dentro de sus propias expectativas, otros enfrentarán con mejores herramientas el duro oficio de poeta, pero todos serán (son) buenos lectores y entes sensibles que aterrizarán en el siglo veintiuno con una visión espiritual tan válida como de los antiguos sabios mayas, y harán más hermosa la existencia gregaria de los hombres.
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*Agustín Labrada, poeta y periodista cubano radicado en Chetumal, Quintana Roo. Es corresponsal del periódico Por Esto! Es autor del poemario "La soledad se hizo relámpago" (1987), de la antología de poesía amorosa cubana "Jugando a juegos prohibidos" (1992) y del libro de periodismo cultural "Palabra de la frontera" (1995).
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