Ramón Iván Suárez Caamal es lo que muchos intelectuales defeños llamarían despectivamente "un poeta local", porque reside en el pequeño poblado de Bacalar, en el sur de Quintana Roo, donde se las ingenia para ser maestro de tiempo completo en secundaria y bachillerato, dirigir la Casa de la Cultura, manejar un taller literario, publicar mensualmente los trabajos de sus alumnos en hojas volantes de las que ya han aparecido 36, editar una revista literaria regional muy apropiadamente llamada A duras páginas y -en los ratos libres- cosechar con su producción poética una cantidad de premios estatales, regionales y nacionales.
Suárez Caamal -nacido en Calkiní, Campeche, en 1950- también es autor de tres hazañas concatenadas: haber logrado que adolescentes de secundaria y preparatoria se entusiasme por la poesía sin considerarse cursi, aburrida o asunto de ancianos y homosexuales; haberlos hecho escribir poesía; y haberlos convertido en poetas.
Cosecha propia: En el taller literario Syan Caan ("Principio del cielo" en maya), que fundó en 1986 , participan docenas de jóvenes estudiantes en forma absolutamente voluntaria, con el compromiso de trabajar o dejar el sitio a otro, fuera de las horas de clase y sin que ello les valga ni una décima de punto en sus calificaciones escolares. A cambio no reciben más que la satisfacción de escribir, ver publicados sus poemas en las hojas volantes y en revistas y suplementos culturales de los diarios quintanarroenses, yucatecos y campechanos.
Cada año surgen entre 15 y 20 aspirantes a ingresar al taller. De ellos, alrededor de la mitad tiran pronto la pluma, pero los restantes siguen haciendo poesía. Entre ellos destaca Jesús Fuentes Allen, un joven ahora dieciochoañero que por necesidades económicas decidió hacerse soldado y fue enviado a luchar contra el narcotráfico en las montañas de Chihuahua, y que describe en sus poemas sus confusos sentimientos de dolor al destruir un bello campo de amapolas, la fatiga y el vértigo en las caminatas al borde de los desfiladeros, y la helada quietud de las noches en la sierra.
Ninguno de estos jóvenes escribe con la mente puesta en concursos literarios, pero tampoco se abstienen de participar en ellos, y ya empiezan a levantar su cosecha. Hasta 1990 sumaban 4 primeros y segundos lugares a nivel nacional, media docena de certámenes regionales y una docena de carácter estatal, sin contar menciones honoríficas.
Eolo, el impulsor: El interés de Suárez Caamal por la literatura nació en sus tiempos de estudiante en la normal rural de Hecelchakán, Campeche, bajo el impulso de un maestro, Eolo Durán Castillo, que en lugar de torturar a sus alumnos haciéndolos memorizar definiciones y reglas gramaticales, los hacía dominar el español a base de leer y escribir sin tregua y de producir un periódico que ellos mismos planeaban, redactaban, mecanografiaban, formaban , imprimían, financiaban vendiendo anuncios y voceando por las calles del pueblo.
Cuando Suárez Caamal inició su taller infantil y juvenil -al margen de sus obligaciones docentes y sin percibir remuneración alguna- siguió un camino parecido. No pone a sus discípulos a estudiar épocas, escuelas, tendencias o autores; mucho menos a recitar; sino a hacer poesía, y esto sin recurrir a fórmulas o recetas, sino haciendo que sientan, piensen y actúen como poetas. Les hace pensar en imágenes, escuchar los sonidos de los colores y los aromas de las formas geométricas, describir poéticamente las manchas de la pared, dialogar con el cielo, el mar y la laguna, manejar el ritmo de las frases y la musicalidad de las palabras; les enseña a combinar sus percepciones sensoriales, a ver con nuevos ojos los objetos cotidianos, desdibujar la realidad, escuchar el estruendo de un paisaje o los susurros de una roca, y a descubrir el color de la felicidad o el sabor del amarillo.
Los hace también leer poesía en abundancia, para que se empapen de ella, enriquezcan su vocabulario y adopten como propio el lenguaje poético. Y, ya sumergidos en él, les hace estudiar los procesos creativos de los surrealistas, desmenuzar poemas para analizar y entender su estructura, y les enseña técnicas y métodos para dominar las triquiñuelas del oficio literario.
En acción: Así, aunque el taller Syan Caan es una verdadera fábrica de poeta, la producción no es en serie. Cada alumno posee su individualidad y su estilo propio. Tampoco se pretende hacer de cada estudiante bacalareño un poeta, sino tan sólo dar la oportunidad de serlo a quienes tengan vocación y talento.
El ejemplo ha cundido, y comienzan a multiplicarse los talleres de este tipo en el sur de Quintana Roo, donde ya funcionan 4 más -2 de poesía y 2 de narrativa-, uno de ellos a cargo de un egresado de Syan Caan.
Pero quizá el efecto más notable ha sido que ahora muchos maestros de secundaria de la zona, alentados y orientados por Suárez, se afanan en la búsqueda de nuevos métodos para mejorar la enseñanza del español en forma dinámica y creativa. Inclusive se dio el caso insólito de que cuando las autoridades decidieron suspender -por razones administrativas- la reuniones que periódicamente celebraban con ese fin los maestros, éstos siguieron realizándola por cuenta propia, empleando sus días de descanso y dinero de su bolsillo.
Haikú: En un reciente concurso nacional de haikú (en español el haikú es una típica composición poética japonesa breve, de 17 sílabas en 3 versos medidos), entre miles de participantes de todas las edades y con un exigente jurado -Octavio Paz, Sergio Mondragón y Jesús Kumate-, un estudiante quintanarroense de secundaria logró una de las 5 menciones especiales premiada con un viaje a Japón para 2 personas por 15 días con todos los gastos pagados; otro alcanzó una de las 20 menciones honoríficas, y los trabajos de 4 más quedaron incluidos en una selección especial de 25 haikús infantiles que serán exhibidos en Japón con dibujos de sus autores. Al descubrir la edad de los premiados, los organizadores decidieron establecer en futuros concursos, una categoría específica para menores de 15 años.
El manual en que Suárez explica su metodología -elogiada por José Emilio Pacheco, Óscar Oliva, Eraclio Zepeda y otros escritores- será difundido en una edición masiva de la Secretaría de Educación Pública y el Programa Cultural de las Fronteras. De Cuba le han solicitado copias, así como trabajos de los discípulos para incluirlos en una antología conjunta de jóvenes poetas mexicanos y cubanos.
La nueva empresa del afable campechano es un taller narrativa, con el cual quiere probar que, así como es posible formar poetas, se puede formar cuentistas de 10 ó 12 años de edad.
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*Juan José Morales escribe divulgación científica y cuentos de ciencia ficción. (Fuente: Revista Contenido, noviembre de 1990).
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