¿DE DÓNDE VIENE EL ODIO ENTRE TUTSIS Y HUTUS?

No de la noche de los tiempos. Los tutsis, un pueblo ganadero procedente de la cuenca del Nilo, llegaron hace cuatro siglos a una región donde ya residían los hutus, agricultores de origen bantú.

Los naturales roces entre pastores y labradores no fueron una excepción en el centro de África. Los tutsis adoptaron la lengua, la religión y las costumbres de los hutus. Los matrimonios mixtos han sido frecuentes, hasta el punto de que hoy es posible encontrarse con hutus que parecen tutsis, y viceversa.

A pesar de representar apenas un 15% de la población, los tutsis lograron mantener, en general, una posición política y social preponderante. Las rivalidades han adoptado a menudo tintes no sólo raciales, sino políticos y de clase, con un trasfondo casi siempre de carácter económico: sobre la propiedad de la tierra.

Tutsis y hutus compartían fértiles valles y colinas tanto en Ruanda como en Burundi, países ambos que no fueron creados por las potencias coloniales: sus fronteras responden a los reinos allí establecidos hace siglos, antes de que los occidentales descubrieran la región.

En Ruanda, bajo un sistema severamente jerarquizado, los tutsis trataban a los hutus como siervos. En Burundi, con una casta real dominante, los Ganwa, que se nutría de elementos tutsis y de algunos hutus, las diferencias sociales eran menos hondas: algunos hutus se convirtieron en ricos ganaderos, y algunos tutsis han sido, generación tras generación, campesinos pobres.

La llegada de los colonizadores alemanes (a finales del siglo XIX) y belgas (tras la derrota germana en la I Guerra Mundial) reforzó los estereotipos étnicos y favoreció a los tutsis, que recibieron educación y pequeñas cuotas de poder político.

Tras las primeras décadas de encontronazo con los indígenas, los misioneros católicos acabaron por socavar el sistema al ampliar la educación a la población hutu y alterar el concepto y la imagen que tenían de sí mismos. Con la independencia, en 1962, el fantasma del gobierno de la mayoría se convirtió en una amenaza real para la supremacía tutsi.

Los intentos de la monarquía tutsi de Burundi de mantener un equilibrio de poder fueron pronto arruinados, y la reacción de los radicales consistió en el casi exterminio de los líderes políticos hutus.

En Ruanda, poco antes de la independencia, los hutus se asentaron en posiciones de poder, exterminaron a su vez a miles de tutsis y enviaron al exilio a decenas de miles, que se instalaron en los países limítrofes, sobre todo Uganda, donde comenzaron a rumiar el sueño del retorno.