La televisión puede ser muy perjudicial para la salud. Al menos, aquí, en Afganistán. Si no, que se lo pregunten a Mahmud, un joven al que los piadosos miembros del Departamento para la Propagación de la Virtud y la Prohibición del Vicio sorprendieron hace unos meses viendo a escondidas una película de vídeo en la caja del diablo.

Mahmud no quiere hablar del incidente, y hace que no comprende, pero uno de sus vecinos murmura que los talibanes le tiznaron la cara de negro, le colgaron el electrodoméstico del cuello y lo tuvieron dando vueltas como un asno por el barrio antes de administrarle una ración de latigazos.

Los talibanes no sólo obligan a las mujeres a circular por la calle acompañadas y cubiertas con la burka, un velo que les llega hasta los pies y que, por todo orificio, lleva una espesa rejilla ante los ojos. También prohiben a las niñas asistir a la escuela, y lapidan en público a las adúlteras. Además, han arrancado de cuajo las antenas y revisado minuciosamente los tejados para desarbolar hasta la última de las parabólicas.

La obsesión por la imagen viene de lejos en el mundo musulmán, pero aquí alcanza proporciones enfermizas. En la sede de la Cruz Roja en la ciudad paquistaní de Peshawar, en la sala donde los pilotos sudafricanos tienen listo el pequeño avión que diariamente va y viene a Afganistán, hay unos carteles en los que se recuerda que no se pueden tomar fotos, ni llevar revistas de moda o transportar material impreso con imágenes de seres vivos. Al pie no se olvidan de recordar que la infracción de estas normas puede tener severas consecuencias.

En todo el emirato islámico no funcionan los cines, no hay emisoras de televisión, y si las autoridades desean transmitir un comunicado, lo hacen por radio o en las mezquitas. Eso en teoría, porque todavía hay gente que se la juega y al caer la noche, cuando el vecindario dormita, cierra el cerrojo de la puerta, corre las cortinas y, tras asegurarse de que no se filtra luz alguna, saca de la alacena el televisor, conecta el renqueante vídeo y repone por enésima vez alguna de las viejas películas traídas en su día de Pakistán.

ESTADO PURO.- En su obsesión por convertir este rincón del planeta en un Estado puro, los talibanes no muestran piedad. Con la misma determinación con la que amputan la mano a los ladrones o azotan a los borrachos, hacen ejecutar a los asesinos. En este caso, dando a la familia de la víctima la oportunidad de aplicar personalmente el castigo, opción que los parientes suelen aceptar encantados.

El único aspecto en el que los puros entre los puros revelan una inusual tolerancia es en el de las drogas, quizá porque los estupefacientes se han convertido para ellos en una inestimable fuente de financiación. Irán anunció que en una operación, cerca de Khorasán, murieron dos policías y fueron decomisados 2.000 kilos de pasta de opio.

Los ayatolás iraníes no sólo intentan enturbiar la imagen de los talibanes responsabilizándolos del tráfico de drogas de la región, sino que siguen esgrimiendo contra ellos la amenaza militar. Teherán no descarta tomar represalias por el asesinato de ocho de sus diplomáticos y de un periodista por las milicias afganas que tomaron la ciudad norteña de Mazar-i-Sharif. Hoy, los 270.000 soldados iraníes desplegados en la frontera con Afganistán iniciarán unas maniobras que pueden culminar en una invasión en toda regla.

La emisora estatal iraní elogia desde hace unas horas a Arabia Saudí por haber expulsado al encargado de negocios talibán. Los ayatolás (de la rama chií del islam) nunca han ahorrado críticas a los príncipes saudíes, quienes, a pesar de procesar el wahabismo, la variedad más integrista del islam suní, son muy inclinados a los placeres de la carne, pero ahora han cambiado de actitud. «Arabia Saudí es un país importante y tiene una posición significada en el escenario internacional», repiten los locutores de radio de Teherán cada poco. «Su vinculación con los talibanes puede socavar esa imagen».

El súbito enfriamiento del apoyo saudí a los talibanes - Arabia Saudí junto con Pakistán y los Emiratos Arabes son los únicos países del mundo que reconocen diplomáticamente al Gobierno de Kabul- está motivado por el deseo de agradar a Estados Unidos, que exige a Afganistán que deje de proteger al millonario Osama bin Laden, el gran padrino del terrorismo internacional.

En un gesto destinado a aplacar los ánimos en la región, 2.000 estudiosos islámicos reunidos en Kabul han emitido un comunicado en el que instan a los talibanes a ser prudentes y piden calma a los ayatolás iraníes. Los ulema - los profesores de religión- tienen mucha importancia en este país, cuyo máximo líder es un clérigo tuerto llamado Mohamed Omar, y cuyo Ejército y Administración están copados por antiguos estudiantes de las madrasas. El tuerto Omar se ha autoproclamado Emir Ul Momerir: comandante de todos los creyentes.

Gamalero - Martinez - Montalto