Instituto San Luis Gonzaga - Tuyutí 1335, Tapiales (1770), Buenos Aires, República Argentina -

Fecha de finalización de la nota: 18 de octubre de 1998. Fecha de publicación en Internet: 23 de noviembre de 1998.

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A m e n a z A t o m i c A

Sergio H. Martino, Leandro H. Orellano y Javier Romero.   Abril de 1998: Nueva tensión en el mundo, India y Pakistán realizan pruebas nucleares. Esta “alarma nuclear”  en el sudoeste asiático hizo peligrar la existencia humana  y pudo haber llevado al mundo a un conflicto desastroso, es por eso que aquí va este informe acerca del peligro de esta calidad de armas que tienen un poder realmente excesivo  y destructivo.

ATRAS   


Antecedentes

De antiguos poemas épicos de la India nos llegan referencias de una supuesta arma atómica…
hace 8000 años:
 
Nuestra actual civilización ha tardado aproximadamente 6.000 años en pasar de la agricultura
primitiva al desarrollo de la bomba atómica, de la relativa barbarie al comienzo del dominio o
desencadenamiento de las fuerzas del universo. La humanidad, sin embargo, cuya edad se calcula
ahora no en miles sino en millones de años, hacía por lo menos 100.000 años que tenía una
capacidad cerebral desarrollada como la del hombre moderno (algunos cráneos de Cro-Magnon
muestran una capacidad craneana superior a la del hombre moderno). En los últimos veinte años de
exploración arqueológica, terrestre y submarina, se ha hecho cada vez más evidente que ha habido
civilizaciones anteriores tan antiguas que no sabemos sus nombres, extendiéndose hacia atrás en la
noche de los tiempos antes de nuestra aurora histórica de, aproximadamente, el año 4000 antes de
Cristo. Si esas civilizaciones anteriores llegaron a tener un sistema de progreso científico –no
necesariamente el mismo, pero comparable al nuestro–, habrían tenido tiempo sobrado de
desarrollar una sociedad tecnológica que les pudiera llevar a explorar y usar la fuerza atómica,
hasta enfrentarse, como ahora nosotros, con la misma alternativa de control o destrucción. Quizá
ése es un desarrollo normal en una civilización que adelanta constantemente –adelanta hasta que se
destruye a sí misma–.
Ciertos informes culturales conservados en la antigua literatura histórica y religiosa, parcialmente
confirmados por algunos curiosos descubrimientos arqueológicos, parecen indicar que algo
parecido a bombas atómicas se empleó en guerra en este planeta miles de años antes de que
empezara la actual historia escrita. No hemos reconocido esas detalladas referencias a la guerra
nuclear en las leyendas antiguas hasta que no hemos desarrollado nosotros mismos la fuerza
atómica.
La mayor parte de esas referencias proceden del Mahabharata, el Ramayana, textos puránicos y
védicos, el Mahavira Charita y otros textos sánscritos, que, libres de los incendios y destrucciones
sufridos por tantos libros de la antigüedad mediterránea y del Medio Oriente, nos han llegado
directamente, desde tiempos antiguos. Las referencias “atómicas” que contenían, a los ojos
occidentales, desde la primera traducción completa del Mahabharata en 1843 se escribió
(originalmente en sánscrito hacia 1500 a. C., sobre leyendas que databan de 5.000 años antes),
parecían sólo ejemplos de férvida imaginación oriental, sobre guerras de dioses y héroes antiguos.
Mahabharata significa, en sánscrito, Gran Bharata; es el más extenso poema épico de la literatura
india antigua –el segundo es el Ramayana–. Aunque ambos son básicamente obras profanas, se
recitan de manera ritual y confieren supuestamente méritos religiosos a quienes los escuchan.
Sólo después de las explosiones atómicas, a partir de 1945, se empezó a advertir poco a poco,
entre quienes conocían bien esas obras antiguas, qué es lo que realmente describían. Parecían
referirse a detalles específicos de guerra atómica y sus efectos, y representaban o bien un increíble
recuerdo del pasado o una inquietante profecía del futuro.
El doctor Robert Oppenheimer, que tenía un amplio conocimiento de la literatura sánscrita y las
leyendas hindúes, recordó cuando la primera explosión desgarró el cielo de Nuevo México, unos
versos del antiguo Mahabharata, compuestos hace miles de años en la India pero extrañamente
aplicables a la era nuclear:
 
Si el fulgor de mil soles
Estallara de repente en el cielo,
Sería como el esplendor del Poderoso…
Ha llegado a ser la Muerte, la destructora de mundos.
 
Albert Einstein lo dijo menos poéticamente, pero de modo más directo al observar:
“El hombre tiene ahora un poder de destrucción contra el que no tiene medios de defensa”.
 
Sólo siete años después de la primera explosión atómica en Nuevo México, el doctor
Oppenheimer, que conocía bien la antigua literatura sánscrita, estaba dando una conferencia en la
Universidad de Rochester. Luego, en el turno de preguntas y respuestas, un estudiante hizo una
pregunta a la que el doctor Oppenheimer contestó con una extraña reserva:
 
Estudiante: La bomba que se hizo estallar en Alamogordo, durante el proyecto Manhattan, ¿fue la
primera en hacerse explotar?
Doctor Oppenheimer: Bueno…, sí. En tiempos modernos, sí, claro.
 
 Quizá el doctor Oppenheimer recordaba un pasaje que había leído en el Mahabharata sobre una
antigua guerra en que se introdujo una nueva arma aterradora:
 
(Era) un solo proyectil
cargado con toda la fuerza del Universo.
Una columna incandescente de humo y llamas
brillante como diez mil soles
se elevó en todo su esplendor…
…Era un arma desconocida,
un relámpago de hierro,
un gigantesco mensajero de muerte,
que redujo a cenizas
a toda la raza de los Vrishnis y los Andhakas.
…Los cadáveres quedaron tan quemados
que no se podían reconocer.
Se les cayeron el pelo y las uñas:
los cacharros se rompieron sin motivo,
 y los pájaros se volvieron blancos.
 
Al cabo de pocas horas
todos los alimentos estaban infectados…
 ...Para escapar de ese fuego
los soldados se arrojaban a los ríos,
para lavarse ellos y su equipo…
 
Las dimensiones de esa arma legendaria tienen cierta semejanza con los proyectiles tácticos
nucleares de hoy día:
 
...Un tallo fatal como la vara de la muerte.
Medía tres codos y seis pies.
Dotado de la fuerza
del trueno de Indra, la de mil ojos,
destruía toda criatura viva…
 
Los poderosos efectos de la explosión y el calor producidos por esa arma se describen de una
manera imaginativa y lírica, pero una manera que se podría aplicar (salvo por los elefantes) al
lanzamiento de una bomba atómica:
 
…Entonces (el dios de esa poderosa arma)
se llevó por delante multitudes de Samsaptakas
con corceles y elefantes y carros y armas,
como si fueran hojas secas de los árboles…
Llevados por el viento, oh Rey,
parecían hermosos allá arriba
como aves en vuelo arrancando de los árboles…
 
Y después:
 
…Vientos de malos auspicios llegaron a soplar…
El Sol pareció dar la vuelta,
el Universo, abrasado de calor,
parecía tener fiebre.
Elefantes y otras criaturas de la tierra,
abrasados por la energía del arma,
huyeron corriendo…
las mismas aguas al calentarse,
las criaturas que vivían en ese elemento
empezaron a arder…
Hostiles guerreros caían como árboles
quemados en un fuego furioso…
Enormes elefantes quemados por esa arma,
caían por tierra…
…Lanzando terribles gritos…
 
Otros abrasados por el fuego corrían de acá para allá
mientras, en medio de un incendio de bosque,
los corceles… y los carros también…
quemados por la energía de esa arma…
parecían como copas de árboles
quemados en un incendio de bosque…
 
Como si no hubiera bastante coincidencia en las detalladas descripciones de algo muy parecido a
un bombardeo atómico, nos llega desde el antiguo Mahabharata una suerte de protesta antibomba:
 
…Una sustancia como fuego
ha surgido a la existencia
quemando ahora colinas y ríos y árboles.
…Toda clase de hierbas y césped
en el Universo móvil e inmóvil
quedan reducidos a cenizas…
Vosotros, crueles y perversos,
emborrachados de orgullo,
mediante ese rayo de hierro llegaréis a ser
los exterminadores de vuestra raza…
 
Se recuerda el efecto definitivo, todavía desconocido, de una superbomba, al leer en el Ramayana
sobre un proyectil:
 
Tan poderoso que podía destruir
la tierra en un momento:
un gran ruido que se elevaba en humo y llamas…
y sobre él está sentada la Muerte…
 
Cabe preguntarse si esas referencias, imaginativas pero de un modo u otro casi probables
(“admisibles”, entre comillas parece una palabra más justa), transmitidas a los tiempos presentes
por los clásicos de la India, están basadas en un recuerdo de su uso por parte de alguna civilización
anterior, un pueblo que usó esa fuerza y mediante su uso dio lugar a su propia destrucción.
Después, un pasaje del Samarangana Sutradhara de Bhoja trata de la decadencia de las armas de
artillería, miles de años antes del tiempo en que se escribió eso, implicando un retorno a formas más
sencillas de guerra antes de los tiempos históricos. No sabemos, claro, si alguna cultura prehistórica
empleó o no bombas protoatómicas, aunque hay indicaciones bastante inquietantes fuera del campo
de la poesía religiosa.
Volviendo a la historia… En Pakistán, en lo que era el valle del Indo, de la India, hay ruinas de
varias ciudades antiguas que tienen fama de haber albergado en sus enormes áreas, poblaciones de
más de un millón cada una. No se mencionan en la historia: podemos suponer que existían antes de
nuestra historia escrita. Las más grandes se llaman ahora Mohenjo-Daro y Harappa, aunque no
tenemos idea de cuáles eran sus nombres cuando prosperaron. Su sistema de escritura no ha sido
descifrado nunca, aunque se ha encontrado en otra zona: en la isla de Pascua, en el Pacífico,
exactamente al otro lado del mundo. Al parecer, estas dos ciudades fueron destruidas
repentinamente: las excavaciones hasta el nivel de sus calles han revelado esqueletos dispersos,
como sí el fin del mundo hubiera llegado tan rápidamente que los habitantes no hubieran tenido
tiempo de irse a sus casas. Esos esqueletos, al cabo de no se sabe cuántos miles de años, están
todavía entre los más radiactivos que se han encontrado nunca, al nivel de los de Hiroshima y Nagasaki.
 

Cabría decir, teniendo en cuenta la larga familiaridad de la India con las “leyendas” del
Relámpago de Hierro, que podría haber mostrado menos entusiasmo antes de unirse a las potencias
atómicas con la explosión subterránea de su primera bomba atómica (¿o quizá primera después de
8.000 años?) en Rajasthán, en mayo de 1974.
 


Historia Contemporánea

 

El fin de la Guerra:

A lo largo de todo el conflicto, los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña habían llevado a
cabo un gran proyecto científico e industrial para el desarrollo de armas nucleares, y creían que
Alemania estaba investigando en el mismo campo. No se disponía de suficientes cantidades de los
elementos principales, uranio y plutonio fisionable, antes de que concluyera la guerra en Europa. La
primera bomba atómica se hizo explotar en un ensayo realizado el 16 de julio de 1945 en
Alamogordo (Nuevo México, en Estados Unidos).
Se habían fabricado dos bombas más, y comenzó a plantearse la posibilidad de emplearlas contra
Japón para conseguir su rendición. El presidente Harry S. Truman permitió que se lanzaran estos
dos artefactos porque, según explicó, creía que podrían salvar miles de vidas; la primera cayó sobre
Hiroshima el 6 de agosto, y la segunda se lanzó sobre Nagasaki el 9 de agosto. Los cálculos de
Estados Unidos indican que fallecieron entre 66.000 y 78.000 en Hiroshima y que el número de víctimas en Nagasaki fue de 39.000.

El fin de la Segunda Guerra cambió los centros del poder mundial. Europa, que había dominado el
proceso histórico durante cuatro siglos, perdió su centralidad. Dos grandes potencias, Estados
Unidos y la Unión Soviética, surgían como los nuevos dominadores de la economía y la política
internacionales.
 

Una nueva división del mundo:

Una de las consecuencias principales de la Segunda Guerra Mundial fue la modificación del
equilibrio de poder internacional. Hasta entonces, el mundo había tenido al Reino Unido como
potencia principal, desafiada por el poder económico y militar de Alemania. Estados Unidos era el
país más rico pero no intervenía activamente en la política internacional, sino que más bien prefería
el aislamiento. La Unión Soviética también concentraba sus esfuerzos dentro de sus fronteras.
Francia, Italia y Japón tenían también gran peso en la política internacional.
La Segunda Guerra dejó dos grandes vencedores, Estados Unidos y la Unión Soviética y dos
grandes derrotados, Alemania y Japón. Inglaterra resistió los ataques alemanes y compartió la
victoria militar, pero perdió su liderazgo, conformándose con ser el principal aliado de los Estados
Unidos.
 

La Guerra Fría:

La relación entre Estados Unidos y la Unión Soviética derivó rápidamente hacia un
enfrentamiento, que se denominó la Guerra Fría. No se trató de una guerra abierta entre las dos
grandes potencias, sino que se manifestó como una lucha política y diplomática entre dos bloques
con aspiraciones de predominio mundial. El bloque occidental, liderado por Estados Unidos, tuvo su expresión militar en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que comprendía a los países de Europa occidental. El bloque oriental era totalmente dominado por la Unión Sobviética y tenía como organización militar al pacto de Varsovia, integrado por los países de Europa oriental.
Los gobiernos de los Estados Unidos y la Unión Soviética presentaban a la Guerra Fría como el
enfrentamiento entre dos sistemas políticos y económicos que traducían dos concepciones del
mundo irreconciliables. Los defensores del bloque occidental sostenían que su lucha era la de la
libertad contra el totalitarismo; los del bloque soviético consideraban que su organización de la vida
social y económica basada en la actividad estatal de los medios de producción era más justa y
eficiente que la de las economías capitalistas occidentales.  

 

La era nuclear:

El 6 de agosto de 1945 un avión norteamericano lanzó una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hirosima, causando la muerte de 78000 personas y lesionando gravemente a otras 90000. La terrible capacidad destructiva de la bomba atómica alteró dramáticamente las características de los conflictos militares. En pocos años, soviéticos, británicos, franceses y chinos
desarrollaron la bomba atómica.

A partir de ese momento, los arsenales nucleares de las dos grandes potencias crecieron hasta el
punto de hacer posible, por primera vez en la historia, la destrucción total de la vida sobre el
planeta. Ante esta posibilidad se manifestaron dos actitudes.
Por un lado surgieron los partidarios del equilibrio del terror, para quienes la amenaza de
destrucción mutua frenaría a cada contendiente de hacer uso de las armas nucleares. Según esta
visión, las armas no se fabricarían para ganar guerras sino para disuadir al enemigo de hacerla.
Por otro lado, los movimientos pacifistas consideraron injustificable la guerra y suicida la
confianza en que el terror mutuo la evitaría, y se organizaron para difundir sus ideas e impedir el
avance del armamentismo.
 


Para muchos la única razón por la cual no se recurrió a las armas nucleares, el único motivo por el cual no se realizó una guerra encarnizada fue por el “miedo atómico” que promovía el armamento nuclear.


Washington deploró enérgicamente  la carrera armamentista desencadenada entre India y Pakistán
(históricos rivales, que poco tiempo atrás casi inician un conflicto atómico). Sin embargo,
prevalecieron los intereses comerciales sobre los estratégicos. Tanto la fabricación de misiles como
de cabezas nucleares requiere tecnología que es fundamentalmente de uso civil.
En 1996, Digital Equipment Corporation vendió una supercomputadora al Instituto de Ciencias de
Bangalora, uno de los centros clave de investigación de misiles de la India. Sin ese tipo de
computadoras es imposible diseñar un misil o un arma nuclear, por la enorme cantidad de cálculos
simultáneos que hay que hacer.
A Sagarlika, un misil con capacidad para transportar una cabeza nuclear que se estaba
construyendo, IBM le reactualizó en 1997 una computadora todavía más poderosa que la de Digital
Equipment Corporation le había vendido al centro. Esta computadora podía realizar 1400 millones
de operaciones por minuto. Ahora, luego de la reactualización, es capaz de realizar 5800 millones
de operaciones por minuto.
En Pakistán también hay una cantidad de ejemplos que ilustran el problema.
La NASA lanzó el primer cohete pakistaní en 1962 y entrenó científicos paquistaníes
especializados en cohetes en las Islas Wallops. En 1970, China comenzó a vender a Pakistán lo
necesario para desarrollar sus propios misiles y cohetes. Pero parte de la tecnología que China
vendió a Pakistán se dice que provenía indirectamente de Estados Unidos.
En 1996, Loral Space and Comunications lanzó un satélite a bordo de un cohete chino. A pocos
minutos del lanzamiento, el cohete explotó con el satélite de la empresa adentro. Esto permitió a
China no solo mejorar la fabricación de sus propios cohetes y misiles sino también los que vendió a
Pakistán.
Las sanciones económicas impuestas en contra de la India y Pakistán impiden que Estados Unidos
les exporte cualquier tipo de producto o tecnología que esté controlada por el Departamento del
Comercio, es decir tecnología de tipo sensitiva.
 
Pero... la única solución sigue siendo el Tratado de No Proliferación Nuclear, que estipula a
largo plazo un desarme nuclear total, es decir que obliga a que los cinco países con mayor poderío
atómico también comiencen a desactivar sus armas nucleares.


 

Cantidad de ensayos desde 1945:

El Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas presentó las cifras que figuran en el gráfico en la que no están incluidos los ensayos de India y Pakistán, que ya son dos más de los integrantes del Club Atómico. Recordemos que en abril de este año Pakistán probó uno de sus misiles Ghauri, y la India le respondió con cinco ensayos nucleares entre el 11 y 13 de mayo, y luego el 28 del mismo mes los paquistaníes detonaron cinco artefactos y dos días más tarde hicieron una prueba más, dando por finalizado ese “ping-pong atómico” –aparentem al mundo.
Una cosa muy importante que no es mencionada es la cantidad de ensayos realizados en secreto –por las potencias nombradas o por ausentes–; nadie se confía en que estos sean cifras exactas, los intereses de los países hacen que desarrollen más tecnología y técnicas para que no puedan ser descubiertos ante el mundo.
   


Efectos

Las fotografías del hongo nuclear formándose lentamente, con una terrible elegancia, son ya muy
familiares. Las filmaciones de las ruinas de Hiroshima y Nagasaki son tan fuertes y conmovedoras
que difícilmente podrán ser olvidadas. Se tiende a dar la errónea impresión de que un arma nuclear
es como una bomba convencional pero condenadamente grande. A veces se piensa, de forma
equivocada, que la bomba A es un arma limpia y aséptica, y que las personas afectadas por la
explosión son arrojadas por el aire y mueren instantáneamente. O que se sacuden el cabello, se
limpian la ropa y están listas para seguir su vida normal al día siguiente. Nada más lejos de la
realidad.
 

Para comenzar... :

Durante una explosión convencional se produce una imponente liberación de energía. Esta energía
provoca la dispersión de millares de fragmentos y escombros que vuelan por los aires transformados
en letales misiles. Además, se produce una gran onda expansiva o de choque que puede generar
presiones insoportables para el cuerpo humano. Finalmente está el calor, que quema todo lo que
encuentra a su paso. Este último es el efecto menos peligroso, ya que la mayor parte de las muertes
son debidas a la proyección de restos, convertidos en metralla.
 
Todos estos efectos están presentes en una explosión nuclear: gran cantidad de letales escombros
volantes, enormes sobrepresiones capaces de provocar estallido de pulmones y colapso, y la
liberación de un calor suficiente para encender la carne humana espontáneamente. Quien vea una
explosión atómica no se convertirá en piedra como una moderna Medusa, sino que quedará
completamente ciego. O le quedará grabada a fuego en las pupilas una espantosa imagen del horror
cual si hubiese sido embrujado.
 
Pero aún no hemos mencionado los efectos de la radiación. Los tres tipos de radiación –alfa, beta
y gamma– son igualmente mortales. La radiación alfa, de partículas lentas y pesadas, y de la que no
es difícil protegerse, es sin embargo la más peligrosa si se ingiere o penetra en una herida.  Provoca
la ionización de las células de los tejidos, generando cáncer y el colapso del sistema nervioso. La
radiación beta, más rápida y ligera, está compuesta por electrones y daña irreversiblemente los
equipos electrónicos. La radiación gamma es una forma de energía electromagnética que se desplaza
a la velocidad de la luz y resulta extremadamente difícil protegerse de ella.
 

Muerte por radiación:

La radiación tiene dos efectos sobre el cuerpo. A corto plazo produce enfermedades irreversibles.
Una persona expuesta a una sobredosis masiva de radiación presenta síntomas de terribles náuseas,
dolores de cabeza y vómitos. Ésta es la primera fase, que pasa rápidamente, presentando entonces
el paciente una aparente mejoría. Durante algunos días se sentirá más fuerte, podrá tomar alimentos
y parece estar mejor. Sin embargo, el daño ya es irreversible y el afectado volverá rápidamente a su
estado anterior.
El segundo efecto, y mucho más preocupante, es el que proviene de los efectos a largo plazo. A
raíz de la lluvia radiactiva producida por el escape de Chernobyl, es alarmante el número de
mutaciones genéticas en el ganado del distrito de Kiev. La radiación afecta el material genético, el
ADN, provocando pequeños cambios en él. Estos cambios pueden producir terribles consecuencias,
que tal vez no se detecten en la primera o segunda generación, ya que tardan varias generaciones en
hacerse evidentes.
 
Luz:
La explosión de una bomba atómica, en palabras de un superviente de Hiroshima, es “más brillante que mil soles”. La cantidad de luz liberada causará ceguera permanente a todo el que haya mirado directamente la explosión, y temporal a quienes hayan tenido una visión indirecta de la misma, por ejemplo por reflexión en una pared blanca. Este efecto se extiende a varios kilómetros del lugar de la deflagración.  

Onda expansiva:
La onda de choque producida por la explosión nuclear tiene dos fases. La primera consiste en una sobrepresión masiva situada en el centro de la onda. Ésta se expande a
una velocidad de varios cientos de kilómetros por hora, menor que la de propagación del calor y la luz. Esa primera onda tiene una temperatura de varios miles de grados cerca del epicentro. Por lo tanto, no sólo destruirá edificaciones sino que encenderá árboles y la carne humana, provocando también incendios secundarios. Cuando pasa la primera onda, unos segundos después llega una segunda, ésta de presión inversa. La primera onda había producido un área de vacío en el centro. La presión del aire tenderá a igualar la diferencia de presiones, de lo que resulta una onda de presión hacia el centro: parece que los objetos sean atraídos hacia la bola de fuego.

 

Pulsos electromagnéticos (EMP):
La liberación de una enorme cantidad de energía electromagnética, en forma de luz infrarroja y
rayos gamma, provoca grandes voltajes que producen altísimas corrientes en cualquier superficie
conductora debido a la inducción electromagnética. Esto quiere decir que todo equipo electrónico
expuesto a los pulsos electromagnéticos se quemará, esté conectado o no. Las radios, con sus largas
antenas, están especialmente expuestas a este efecto. La mayoría de los equipos militares modernos
se protegen metiéndolos en una caja de metal conectada a tierra. Ésta protegerá el material que se
encuentra en su interior absorbiendo los EMP y derivando la corriente a tierra. Hay un segundo
efecto de los EMP conocido como TREE (Efectos Transitorios de la Radiación en la Electrónica).
Los equipos electrónicos más vulnerables pueden quedar degradados por la cantidad de radiación
ambiental existente. Los chips son especialmente sensibles a la electricidad estática.
 

Calor:
La temperatura en el centro de la bola de fuego es del orden del millón de grados centígrados (la de la superficie del Sol es de menos de 10000 grados). Tales temperaturas provocan una evaporación masiva. Una bomba de hidrógeno de un kilotón produce la devastación más completa en un área de 70000 metros cuadrados. Una bomba de 10 megatones lo vaporiza todo: edificios, árboles, vida animal, todo, en una superficie de más de 100 kilómetros cuadrados. Más allá, la onda de calor, en la forma de ondas infrarrojas, provocará la combustión instantánea de todo material inflamable en un radio de varios kilómetros desde el centro de la explosión.  

 

Radiación:

La radiación inicial es menos preocupante que la lluvia residual que puede empezar a caer a las
pocas horas de la explosión y que continuará durante varios días. Cuando la bomba detona, se
produce una inmensa liberación de radiación que convierte toda la zona en radiactiva. De los tres
tipos de radiación, sólo la gamma supone una amenaza inmediata, pues es la única que posee
capacidad de penetración suficiente para pasar a través de edificios y de la tierra. Sin embargo, en
el caso de la lluvia radiactiva es la radiación alfa, de corto alcance, la que provoca más daño al
tejido vivo y la que, a corto plazo, será causa de enfermedades y, más adelante, de cánceres
múltiples.

 

 
 


Visión Católica

Ante este presente acelerado, sin frenos y un futuro incierto con respecto al manejo de la vida
misma, aflora en mi mente la frase “Idos, la misa a terminado” como si la acción de gracias durara
sólo un espacio de tiempo, desconociendo el tiempo de su integridad, es decir, la gran mayoría de los cristianos –un grupo muy reducido tal vez no– se conmueven en un momento sublime que es en el que se camina lentamente hacia el sacerdote o el ministro que da la Eucaristía. Lo malo es que a
muchos les sucede que terminado ese momento, se olvidan de todo lo que vivieron segundos atrás y siguen la suya. Como si ese momento abarcara ese pequeño junte de las dos manos unidas
devotamente sobre el rostro –en referencia al momento en que uno se arrodilla después de
comulgar– y que no experimentamos que esa acción de gracias son los ojos bien abiertos sobre el
mundo, sobre el espacio por su integración.
De pronto reflexiono que hay una disminución en una palabra ya no tan empleada: la piedad, porque ella denota un sentimiento de presencia, de intimidad, de veneración, por el misterio que está contenido en el ser, en los seres… Sí piedad, este es el único denominador común entre el cristianismo y las religiones paganas o los cultos primitivos. ¿Porqué va faltando la piedad? La atenuación del sentido del misterio es la técnica del sonido y de la imagen que ha penetrado en los hogares; es horror a estar solo y la necesidad de un “ruido de fondo” para acompañar el trabajo; es el miedo a la angustia que nos empuja a aglomerarnos, a aglutinarnos, que nos atrae al codo con codo en las decisiones. No nos olvidemos que piedad es comunión, es vida en comunidad pero para que sea auténtica debe desplegarse, en el silencio de la unión del alma con Dios. Allí me detengo en el pensamiento de Höelderin: “Lo divino se da cuando lo máximo está envuelto por lo mínimo”, y como un despertar reconociendo que la misa no ha terminado después de la bendición, las puertas se abren hacia lo externo: comienza la misión (la de saber vivir cristianamente fuera de la iglesia).  

El hombre aprovecha a pleno el potencial de las bombas atómicas en los encuentros bélicos, éstas
a diferencia de otras armas son muy peligrosas y se pueden tornar totalmente incontrolables.
Las armas son utilizadas para atacar y defender –siempre ha sido así, una potencia ataca y luego
otra hace algo parecido, generalmente con más poder, para responderle, y ante las otras naciones da la excusa de que es “por defensa propia” o “ellos empezaron”– algunas veces es por necesidades del Estado, otras por diferencias entre ellos, también puede ser por el simple hecho de placer de
conquista de alguna región.
Este rompimiento de paz entre los pueblos no tiene ni un principio ni un desenlace feliz; cuando se
recurre a la fuerza de las armas, mucha gente muere y las que sobreviven se alegran de no estarlo,
pero hay quienes prefieren morir antes de recordar lo experimentado, lo vivido es imborrable al
igual que los efectos catastróficos de la bomba.
Ninguna persona tiene derecho a quitarle la vida a otra:
2320 Causar la muerte a un ser humano es gravemente contrario a la dignidad de la persona y a la santidad del Creador. (Catecismo de la Iglesia Católica).
Hay quienes se olvidan de su Dios creador, que les otorgó la inteligencia para pensar y obrar y está
por encima de los países, las leyes y la burocracia en que son gobernados y los problemas que
surgen entre ellos.
 
El Catecismo de la Iglesia Católica, libro dedicado a dar la explicación religiosa correspondiente
a todos los hechos que ocurren, nos dice que evitar la guerra es esencial:
 
2307 El quinto mandamiento condena la destrucción voluntaria de la vida humana. A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, la Iglesia insta constantemente a todos a orar y actuar para que la Bondad divina nos libre de la antigua servidumbre de la guerra.
 
Porque…
 
2314 “Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones”. Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes.
 
2315 La acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones. Este procedimiento de disuasión merece severas reservas morales. La carrera de armamentos no asegura la paz. En lugar de eliminar las causas de guerra, corre el riesgo de agravarlas. La inversión de riquezas fabulosas en la fabricación de armas siempre más modernas impide la ayuda a los pueblos indigentes, y obstaculiza su desarrollo. El exceso de armamento multiplica las razones de conflictos y aumenta el riesgo de contagio.
 
2329 “La carrera de armamentos es una plaga gravísima de la humanidad y perjudica a los
pobres de modo intolerable”.
 
2316 La producción y el comercio de armas atañen hondamente al bien común de las naciones y de la comunidad internacional. Por tanto, las autoridades tienen el derecho y el deber de regularlas. La búsqueda de intereses privados o colectivos a corto plazo no legitima empresas que fomentan violencias y conflictos entre las naciones, y que comprometen el orden jurídico internacional.
 
2328 La Iglesia y la razón humana afirman la validez permanente de la ley moral durante los
conflictos armados. Las prácticas deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus
principios universales son crímenes.
 
También nos da una explicación lógica y muy correcta en cuanto a los intereses políticos que
existen –en mayor o menor grado– en una nación:
 
2317 Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden económico o social, la envidia, la
desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan sin cesar la
paz y causan las guerras. Todo lo que se hace para superar estos desórdenes contribuye a
edificar la paz y evitar la guerra” .
 
Y este mismo nos dice hasta cuando estaremos sometidos al peligro de guerra, con una frase
profética sacada del libro de Isaías:
 
En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazará hasta la venida de Cristo, el peligro de guerra; en la medida en que, unidos por la caridad, superan el pecado, se superan también las violencias hasta que se cumpla la palabra: “De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas podaderas. Ninguna nación levantará ya más la espada contra otra y no se adiestrarán más para el combate”. (Is 2, 4).


 
Y recordemos esta frase escrita en el Evangelio de San Mateo:
 
2330 “Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. (Mt 5, 9).

La búsqueda de la paz ha sido algo existente a lo largo de los siglos. Mucha gente la buscó pero
no se obtuvo un fin definitivo de estas diferencias angustiantes entre distintos países que persisten
hoy en día ¿no han aprendido aún la lección que legó el pasado? Las guerras tal vez sean la
representación de la violencia, del odio que llevan las personas, en su interior en una calidad más
potente y encarnizada. Y no digamos “aquel país hace mal a todo el mundo al hacer guerra”, si en
nuestro hogar, con pensamientos pecaminosos nosotros hacemos la “guerra a los demás”, con
motivos tribiales.
Y con un apretón de manos, comencemos el cambio hacia un mundo sin violencia.  


Internet

Por medio de la megared, vía E-MAIL, hicimos llegar nuestro pequeño cuestionario de preguntas
a personas que nos dieron variada información y explicaciones acerca de la utilización de armas
nucleares:  

Iris Fernández: “Me interesa que no exista un futuro desastre nuclear, pero para que esto no
ocurra supongo que la única forma es que no existan elementos para causar el desastre, es decir, que no exista el potencial armamentístico para que ocurra.”
 
Eduardo D. Rivero: “Estoy en total desacuerdo con toda utilización de este tipo de energía y
mucho más cuando se trata de fines bélicos.”
 
Eduardo Calvo Sans: “Las armas nucleares son una macana y una bendición, no hace falta
explicar por qué son una macana”, pero... ¿por qué una “bendición”? “Si no fuera por las bombas atómicas, durante los 60s y 70s, la guerra entre los Estados Unidos y la Unión Soviética hubiera sido inevitable, arrastrando a la humanidad a la peor de sus crisis.
La humanidad dispone de medios, no sólo relacionados con la energía nuclear, como para destruir el planeta o para desajustar al ecosistema hasta que la especie humana se quede sin lugar. Las grandes potencias, las que pueden condicionar a los países no desarrollados, están obligadas a evitar que las armas nucleares proliferen por el mundo, porque no todos los países están en condiciones de controlar sus armas nucleares. No me preocupa que Estados Unidos, Inglaterra o Israel las tengan porque siempre estarán bajo control. Pero esto no está pasando en Rusia, puede ser dudoso en China, y con seguridad es incontrolable en la India y Pakistán.”
 
Delia Pacho: “Estoy segura que ni países desarrollados ni en vías de desarrollo, “pueden” aplicar el poder nuclear para la guerra. Esto es dañino, criminal, destructor, violento, negativo, para cualquiera que lo haga. Si las personas, si los pueblos internacionalizáramos la idea de que las leyes que rigen el universo fueron creadas por Dios, buenas y positivas; si entendiéramos que hay millones de medios positivos, benéficos, para alcanzar el buen entendimiento, la paciencia, la tolerancia, el perdón, la reanudación del diálogo, los esfuerzos de estudiar la potencia de la energía nuclear, serían solamente para fines benéficos, justos, honestos, correctos, Los resultados serían positivos. Los humanos debemos tener valores universales muy, muy internacionalizados. La educación y el ejemplo son las únicas salidas.”
 
Héctor Alderete: “En general, las armas de destrucción masiva están cambiando de clase, se
están haciendo más selectivas e inteligentes. En estos países tercermundistas, las armas son un elemento de persuasión más que de uso, considerando además que sirven para un control de poder interno de sus naciones y una falsa idea de poder y soberbia. Rechazo cualquier utilización de armas.”
“La próxima guerra será en los sistemas de información”, a modo de ejemplo: “un colapso en las computadoras de Wall Street, sirve más que eliminar 500.000 soldados yanquis”.
 
 Por la red internacional de comunicaciones más grande del mundo (más de 30 millones de
usuarios) circula mucha información sobre cómo fabricar bombas caseras o convencionales y armas de alto poder destructivo.
 
Abraham Cooper, dijo que “en la década del ’60 era posible conseguir información para
fabricar, colocar y detonar explosivos, pero era necesario rastrearla en ciertas librerías.
Ahora, Internet concentra toda esa basura y la pone en el mercado al alcance cualquiera;
¿cuántas mentes jóvenes e inmaduras podrán ser afectadas por esta nueva forma de
delincuencia?  Creo que en este aspecto Internet no es un desarrollo saludable”.
 
Ciertamente, la mayor red de comunicaciones del mundo está desde hace algún tiempo en la mira
de políticos y hombres de negocios, que mucho se benefician de las facilidades que Internet les
proporciona.  Se la acusa de facilitar la filtración de secretos cuidadosamente guardados y ahora,
también, de terrorismo informático. Si se pregunta a un ciudadano estadounidense qué piensa de
este tema responderá “es el precio que tenemos que pagar por la libertad”. Es que en Estados
Unidos los derechos constitucionales son sagrados, como por ejemplo el de la irrestricta libertad de
expresión, o el derecho de poseer un arma... o varias. En realidad, acusar a la informática o a

Internet de propiciar actos terroristas es tan impropio como condenar a la física nuclear por lo de Hiroshima. El problema, también aquí, reside en cómo articular el libre aprovechamiento con el buen uso y debido control de las tecnologías modernas.  
A través de Internet se pueden encontrar variados documentos acerca de la elaboración de bombas caseras con herramientas accesibles, es decir con dos o tres productos que se compren en el almacen.
También hay métodos –tal vez no tan simples– como los anteriores para la elaboración de bombas termonucleares, sin más elementos que se consigan en una ferretería e ingredientes que estén en la alacena del hogar.
 
La peligrosidad se presenta cuando documentos de esta clase caen en manos indebidas y
causan desastres, un peligro latente.
 
En Internet la más aseverada de las leyes y el más loco de los pensamientos tienen un lugar que
todos deben respetar. En referencia a nuestro tema la elaboración de bombas no están en lugares
ocultos sino en sitios comunes lo que representa un gran riesgo.
Aún más peligroso sería si algún hacker o un espía informático entra en lugares secretos teniendo
acceso no solo a la elaboración sino también al control de alguna potencia nuclear por medio de una
computadora.
Sí, usted lector podrá decir que un país como Estados Unidos no tiene por qué estar sujeto a este
miedo ya que tiene unos sistemas de seguridad incorrompibles, pero para los hackers no es así.
Los hackers han demostrado todavía que la palabra inviolabilidad no existe en el lenguaje de las
computadoras y seguramente en el futuro habrá nuevas sorpresas producto de su habilidad.  
 


Conclusiones

Hace un poco más de cincuenta años se daba fin a la Segunda Guerra con el segundo estallido de
una bomba atómica en Nagasaki. El artefacto fue especialmente construido para terminar con la
guerra… terminarla es un vocablo insuficiente… destrucción masiva sería más adecuado. Un claro
ejemplo que ratifica lo anteriormente dicho fue que tras el estallido en las ciudades japonesas se
trató de investigar la cantidad de muertes que había causado la explosión, pero el número de
víctimas que se obtuvo era menor al que se sabía que debía haber, estudios –y lógica– demostraron
que quienes se encontraban cerca (a unos kilómetros del lugar de la explosión) quedaron
exterminados por la onda destructiva que se iba expandiendo por la zona… pero aún faltaban más!
Se demostró luego que las personas que faltaban no habían desaparecido por arte de magia sino que en los muros –no destruidos, por supuesto– se encontraron sombras, ¿de quién?… pues de aquellas personas; la razón: el excesivo calor y la incandescente luz que se proyectaban desde el centro de la explosión, fueron suficientes como para desintegrar a las personas en el acto, y es así como el individuo que se encontraba entre el destello mortal y una pared ubicada a cierta distancia del mismo, dejó impregnada su figura. Este efecto concluido en unos segundos por la bomba, es también realizado por el Sol, con la diferencia que este último tarda meses e incluso años en realizarlo. Desde entonces Estados Unidos se afianzó como la primer potencia mundial, por lo menos atómicamente hablando.
Muy poco tiempo después de terminada la guerra es sabido que algunos de los científicos que
trabajaron en el proyecto Manhattan –por medio del cual se obtuvo la bomba– se descompusieron
al ver las horrorosas imágenes que venían desde Japón… muertos… “vivos”… más muertos…

Personas afectadas por radiactividad, inválidas, heridas había de todo, pero lo hecho no se puede
revertir y eso ya quedó gravado en la historia como un acontecimiento crucial con el que se marcaba una nueva generación de armas y un nuevo estilo en el combate… era la primera vez que una sola
bomba podía arrasar con una ciudad entera. Así lo refleja la película ”Day One”.

Es totalmente lógico que muchas potencias deseen obtener un poder tan destructivo, y es así como
hoy en día más de diez naciones tienen su potencial atómico listo para ponerlo en funcionamiento,
otras naciones tienen su proyecto en vías de desarrollo, algunas –muy pocas– renunciaron a la
carrera atómica que comenzaban a realizar; y de otras no se sabe nada y sólo sospechas hacen
dudar que estén haciendo armas de tal grado de potencia…
En la historia, la guerra parece ser una parte integral de la condición humana. Durante 3.000 años
de historia escrita, menos de 300 años se han visto libres de conflictos armados; los pueblos siempre han reconocido, sin embargo, la locura, desolación, brutalidad e inhumanidad de la guerra, y han
intentado con insistencia limitar su poder de devastación y el desarrollo de armas cada vez más
destructivas.
Cada 6 de agosto desde 1947, miles de personas participan en una ceremonia multiconfesional en
el parque de la Paz, construido en el lugar en donde explotó la bomba. En 1949 el gobierno japonés nombró a Hiroshima, santuario internacional de la paz. (Si este es el mismo Japón pacífico que
figura como posible poseedor de armas nucleares en el cuadro “¿Quién tiene la bomba?”, ¿por qué
figura allí? Japón es uno de los países más desarrollados que existen, una de las mayores potencias
industriales del mundo, quizá haya realizado, realice o realizará experimentos nucleares a pesar de
sus infelices recuerdos.)

La conciencia de la gente había cambiado, se había comprendido perfectamente la capacidad destructiva y se quería avanzar hacia el desarme…
De ayer a hoy nos separa un punto intermedio que se puso en 1970, se trata del Tratado de No Proliferación Nuclear, que es el garante teórico para que no se desate una hecatombe mundial. Fue firmado por ciento sesenta y nueve estados que se comprometían a no desarrollar armamento atómico (unos cuantos países más se le han agregado hasta el día de hoy). Los cuatro países con más potencial nuclear en aquel momento –Estados Unidos, la URSS, Francia y el Reino Unido– se comprometieron a avanzar hacia el desarme. Pero resulta que este acuerdo fue muy criticado por los estados que aspiraban poseer armamento nuclear, ya que no comprometía en exceso los arsenales ya existentes y, en cambio, dificultaba enormemente la fabricación de nuevo armamento. No obstante hay naciones que no les importa esto –ya sea por motivos políticos, religiosos, sociales, etc.– y desarrollan programas de elaboración con fines bélicos, se podría decir que no buscan la paz, y si la buscan, que no es el camino correcto.  
Hace meses India y Pakistán comenzaron nuevamente con sus discordias, pero a diferencias de las anteriores, éstas eran atómicas. Hay que agradecer que sólo fueron “pruebas”, pero… ¿a alguien se le ocurrió pensar si una gota rebalsara el vaso y se iniciara un conflicto? Sabemos por datos
estadísticos que Pakistán tiene 126 millones de habitantes e India tantea los mil millones… Una sola
bomba nuclear en un centro urbano estratégico podría desintegrar en el acto a la mitad de los
pobladores, y los efectos radiactivos se podrían expandir muchos kilómetros a la redonda durante
años, incluso podría producir más efectos no deseados –recordemos que son dos países limítrofes–
ya que los efectos destructivos podrían entrar en el terreno de quien haya lanzado la bomba y hacer, por supuesto, en menor grado, daños inesperados a quienes son sus hermanos compatriotas, y a
otros de países limítrofes que nada tienen que ver con las diferencias que hay entre ellos,
perjudicados por su ubicación geográfica en medio del conflicto. La alarma atómica que se había
encendido en el sudoeste asiático y que había sido escuchada por todo el mundo dejó de sonar –por ahora–, pero las diferencias entre estos dos históricos rivales sigue existiendo.
 
Muy poco tiempo falta ya para que termine ese siglo y esperemos que con él se vayan los errores
que se han cometido y que nunca más se vuelvan a repetir.
Ahora el clima bélico se ha enfriado, pero el hongo más caliente que el Sol sigue latente.
 

Para culminar esta nota, me gustaría citar una frase dicha por Radiactive–man (un superhéroe que existe en el mundo de The Simpsons); que dijo al cierre de un episodio:
“El mundo está salvo ahora, pero… ¿por cuánto tiempo?”
Y una frase típica de los héroes de nuestros días se le complementa perfectamente:
Hasta que eso suceda no podré dormir en paz.   
 

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Autores (asignación de las labores individuales)

Sergio Martino, (“Historia Contemporánea”) búsqueda de material bibliográfico de acontecimientos contemporáneos de fotos y textos en libros y revistas.
Bibliografía empleada: Clarín, Enciclopedia Espasa, Manual Esencial Bonaerense.
Leandro Orellano, (“Historia Contemporánea”) búsqueda de material bibliográfico contemporáneo de textos y fotos en libros e Internet, confección del cuestionario por el que se obtuvieron las respuestas que figuran en “Internet”.
Bibliografía empleada: Clarín, Enciclopedia Espasa, Manual Esencial Bonaerense, Internet.
Javier Romero, (“Antecedentes”, “Efectos”, “Internet”, “Visión Católica” –2da parte–, y  “Conclusiones”; cuadros “¿Quién tiene la bomba”,“Cantidad”) búsqueda de material bibliográfico de la India milenaria en libros y  hechos contemporáneos de textos y  fotos en diarios, revistas, libros, enciclopedias e Internet. Confección del cuestionario. Conclusiones propias, con aportes de enciclopedias, diarios, revistas y televisión. Compaginación y diseño en el diario (en papel) e Internet.
Bibliografía empleada: Armas de Guerra, Catecismo de la Iglesia Católica, Clarín, Conozca Más,
Colección Conozca Más, Enciclopedia Encarta 97, Enciclopedia Visual de la Ecología, Factopedia,
Fin del mundo, La Biblia, Millenium y opinión personal.

Se agradece la colaboración de:
Gustavo Pérez, envío de la encuesta vía E-MAIL.
Jesús Romero, Visión Católica –1ra parte–, compaginación.
Leandro Wajswajn Pereyra, búsqueda de las caricaturas simpsonianas en Internet.

Se pide disculpas a:
Iris Fernández, Eduardo D. Rivero, Eduardo Calvo Sans, Delia Pacho y Héctor Alderete por la tardanza en la Publicación por este medio (Internet), ya que antes les habíamos avisado por E-mail  que las respuestas que mandaron iban a ser subidas “próximamente” y no fue así.
Todos los que visiten este sitio o lean esta información por monitor o papel y no les guste la inserción y/o la degradación de la calidad de las fotos o dibujos -lo que a nosotros tampoco, pero que no pudimos lograr de una forma apropiada, es decir, que nos agrade a nosotros y más a ustedes, no porque no quisimos sino porque los recursos informáticos nos dificultaban un poco la tarea-.

Nosotros comenzamos esta nota como un trabajo práctico de la escuela, y pensamos que sería uno más que debíamos hacer para aprobar, nos dimos cuenta de que la amenaza atómica es muy grave y nos encontramos con información contundente.
Se espera que:
Todo aquél ser que de norte a sur de este mundo y más allá de sus límites lea esta nota no la use como una mera fuente de información en un trabajo práctico pedido en el colegio por una determinada asignatura y quede archivado en algún lado del armario debajo de pilas de papeles, ropa y juguetes o por el simple capricho que le impone a uno tener una nota referida al presente tema en un archivo y lo deje olvidado en alguna parte del rígido o algún disquete; sino que su contenido sea bien leído e correctamente interpretado y nos concientisemos del peligro que promueven las armas atómicas.

Agradecimientos generales:
Se agradece a todos los que se hayan tomado un tiempo para dedicarse a la lectura de este documento, porque no lo han perdido sino que han integrado a su mente datos informativos que son esenciales en el tema. 
 

Si desea comunicarse con nosotros envíenos un correo a

asica@teletel.com.ar