En la mañana del miércoles 17 de marzo de 1999, se realizó el Acto de Conmemoración de la Creación de la Escuela Industrial de la Nación. El Rector de la Escuela, Prof. Carlos O. Capasso, pronuncia el siguiente discurso que se transcribe textualmente :
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Señores :
Quienes tomaron las importantes decisiones que le dieron origen: Pellegrini, Balestra, Uriburu, Beláustegui, Bermejo, Roca, Magnasco y muy especialmente el Ing. Otto Krause, tenían -sin duda- talla de visionarios.
En la última década del siglo pasado, nuestro país estaba definiendo su perfil de nación. La inmigración había permitido la gradual ocupación de los campos pampeanos y su incorporación a la actividad económica. Los caminos y la red ferroviaria habían iniciado su expansión y los puertos tenían febril actividad.
Pero no era suficiente, era necesario desarrollar la industria y capacitar hombres para llevar adelante tan importante empresa. La visión ejemplar de algunos ciudadanos de ese tiempo les permitió comprender que la grandeza de un país reside en su gente y por ello, establecieron como prioridades el cultivo de la inteligencia, la aplicación de los saberes, el interés por las nuevas técnicas que habrían de mejorar la calidad de vida de los pueblos y el pleno desenvolvimiento de los valores éticos y estéticos.
La educación devino en transformación: objetivos definidos y metas de bien común fueron las bases de una política educativa que se anticipó a su tiempo. El poder político de entonces - que sufría las crisis que marcaron el fin de siglo - no temió adelantarse a su época en lo referente a la concepción de una educación fundada en la realidad y de cara al futuro, y sin vacilación dispuso los recursos necesarios para emprender el desafío de la educación técnica.
Este establecimiento, nacido como Departamento Industrial anexo a la Escuela Nacional de Comercio (hoy Carlos Pellegrini) pasó a ser una entidad independiente como Escuela Industrial de la Nación un día como el de hoy, hace cien años, ya bajo la dirección del Ing. Otto Krause y con una matrícula de 52 alumnos.
Diez años más tarde, en terrenos ganados al río, que eran cruzados sobre pilotes por una terminal de líneas ferroviarias, se inauguró este magnífico edificio de dimensiones gigantescas para la época, un verdadero palacio de la cultura con una Biblioteca que fue la primera en su tipo en América, Talleres completísimos y Laboratorios con el instrumental más moderno. Por todo ellos los argentinos de hoy tenemos una inmensa deuda de gratitud hacia el fundador de la institución, el Ing. Otto Krause, hacia las autoridades educativas que le brindaron su apoyo, hacia los colaboradores que compartieron sus sueños y hacia aquellos que fueron sus brillantes sucesores, como el Ing. Eduardo Latzina, segundo Director de la Escuela. Invalorables sin duda fueron los aportes de los cientos de docentes que durante un siglo ocuparon sus cátedras, relevantes figuras de la investigación, la industria, las artes y las letras.
Nos corresponde también reconocer la calidad profesional de los casi 23.000 egresados formados en nuestras aulas, en estos 100 años, quienes fueron protagonistas del crecimiento y la consolidación de la industria Argentina y, por ende, del crecimiento y desarrollo del país. Asimismo, sumamos nuestro reconocimiento a las entidades gremiales docentes, la más antigua de las cuales nació en 1946 en el seno de nuestras escuelas, por su invariable defensa de la enseñanza técnica.
Hoy, casi 2.000 jóvenes se están formando en nuestras aulas, talleres y laboratorios de distintas especialidades. El vertiginoso avance tecnológico representa un desafío para nuestra comunidad educativa, una demanda de formación y de capacitación permanente para sus maestros y profesores, una urgencia de más y mejor instrumental, y una necesidad acuciante de vínculos sólidos con el mundo del trabajo y con los centros de investigación. Grandes son las carencias, no obstante, superamos las dificultades con tesón y creatividad.
Nos llenan de satisfacción los alumnos que, con el apoyo de sus profesores, se destacan tanto en Olimpíadas Nacionales e Internacionales, así como en competencias deportivas. También nos complace saber que la labor de nuestros docentes y directivos - con el apoyo de las familias que nos los han confiado - contribuyen a formar a nuestros alumnos como ciudadanos responsables, seres libres, pensadores reflexivos, técnicos capaces y sanamente ambiciosos y fundamentalmente, buenas personas.
Esta institución, que fue la primera Escuela Industrial de nuestro país, no es ajena a las preocupaciones que acompañan al hombre de este fin de siglo y fin de milenio, pero se empeña diariamente en ser digna depositaria del legado recibido, manteniéndolo, acrecentándolo y actualizándolo en la medida de sus posibilidades, con la ayuda de las autoridades Nacionales y del Gobierno de la Ciudad, comprometidas con el quehacer educativo, y con las instituciones que - como la Asociación Cooperadora y la Fundación Otto Krause - apoyan nuestros proyectos. Es por todo ello que, considerando esta rica tradición y este venturoso presente, a todos los hombres y mujeres comprometidos con el hecho educativo, se nos abre una nueva etapa signada por las transformaciones científica y tecnológicas y nos plantea un desafío tan grande como aquel que enfrentaron Otto Krause y sus colaboradores hace un siglo: formar a los jóvenes que tendrán que conducir las actividades productivas y de servicios a la luz de los conocimientos científicos y tecnológicos propios del tercer milenio. Hoy, contemplando lo hecho y avizorando lo por hacer, hacemos votos por el progreso de nuestra patria, por el futuro de la educación técnica, por el logro de una realidad superadora a la actual, por la permanencia de la institución y su continua superación, por la plena vigencia de los valores éticos y estéticos y para que, por la gracia de Dios, el paso del tiempo muestre a la especie humana en todo su esplendor.
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